En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.”
fragmento: declaración de principios de ALIA*

jueves, mayo 24, 2012

CUBA: Oncena Bienal de la Habana

OJEADA A LA BIENAL
ir a web: español - english
fuente: Nelson Herrera Ysla
La Bienal de La Habana nació al calor de un pujante y vigoroso movimiento artístico nacional, de un contexto internacional asomado a profundos cambios con el arribo pleno de la postmodernidad, sobre todo lo relacionado con la creación y circulación de las obras, “fin del arte” motivado por su excesiva desterritorialización, cruces y desbordamientos incontrolables para la crítica y la historia, y como modo de rendir homenaje a la vida y obra de Wifredo Lam, debo señalar como factor indiscutible para su surgimiento y desarrollo la creación de la institución que lo habría de impulsar hasta nuestros días, el Centro Wifredo Lam.

Gracias a un decreto oficial emitido por el Gobierno Revolucionario de la República de Cuba en el año 1983, dicho Centro nació con el propósito fundamental de investigar y promover la riqueza de las expresiones artísticas de América Latina, África y Asia; es decir, con una vocación tercermundista y universal a tono, sin dudas, con la vocación de la propia cultura cubana si observamos su origen y posterior desarrollo desde el siglo XVIII hasta nuestros días. El modo de promover dicha riqueza sería concretado en la celebración, cada dos años, de la Bienal de La Habana en tanto expresión sintética del aporte de los artistas contemporáneos del entonces llamado tercer mundo a esa cultura universal a la que siempre pertenecieron aunque permanecieran históricamente al margen de esos circuitos legitimadores que los ignoraba o subvaloraba. 
Había llegado el momento, pues, de contribuir al mayor y más profundo conocimiento de nuestros valores artísticos sin jerarquizaciones ni exclusiones, entre los cuales la obra de Wifredo Lam --uno de los artistas notables del siglo XX que condensó magistralmente en pintura, grabado, dibujo, cerámica, la iconografía y el significado esencial de ricas y vastas culturas manipuladas por amplios sectores intelectuales de Occidente como etnología y folclor, arte primitivo— resulta ejemplar y paradigmática junto a la de muchos otros creadores y manifestaciones abundantes en múltiples centros y confines de esas naciones pertenecientes al también llamado sur.

miércoles, mayo 23, 2012

LA FOTO

Presidente Uruguayo descubierto malgastando sus ingresos!!!!!!!!!!!
(Cualquier comparación ... es pura realidad!!!)
Envío de: Juan Manuel Lencioni Severino


El mate es diseño de Pinin Farina, las pantuflas son de Gucci y el poncho de Armani.
Se comenta que el perro  es de una raza rarísima (de puro pedigree, y que el único otro ejemplar lo tiene la Reina de Inglaterra) 
No me digan que no podría ser tapa de LIFE o de TIM!!!

Esto si es un ejemplo de humildad.
Esto es un ejemplo de persona  !!!!! Los uruguayos son afortunados y bendecidos !!!!!
Este señor es UN PRESIDENTE "con mayúsculas".

Serrat diría:.. "Uno solo es lo que es... y anda siempre con lo puesto". 

EL JUVE Nº1

DIARIO-23
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martes, mayo 22, 2012

La Pampa: La patronal rural le advierte al Gdor. Jorge que no piense en aumentar impuestos

Desde la Comisión de Enlace, las entidades pampeanas reprocharon el incremento que se trama en la provincia de Buenos Aires y se quejaron por el aumento de las guías de hacienda y la desatención del oficialismo.“Esperamos que el gobierno pampeano no lleve a cabo incrementos inconsultos de tasas e impuestos”, advirtieron los representantes de la patronal rural a Oscar Mario Jorge.El planteo lo hicieron los integrantes de la Comisión de Enlace de Asociaciones Rurales de La Pampa que están adheridas a la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP), a través de una solicitada.Los representantes de la patronal agropecuaria se quejaron, ahí mismo, de que se está por hacer un incremento en las guías de hacienda, “tema que desde fines de 2011 estamos queriendo acordar y no somos recibidos por distintos estamentos de la Provincia de La Pampa”.Las entidades decidieron “solidarizarse” con sus pares de la provincia de Buenos Aires, a raíz del conflicto suscitado porque el gobierno intenta, mediante un proyecto de ley, actualizar algunos impuestos.Medidas similares generaron debates en Santa Fe y en Entre Ríos, y no se descarta que la misma lógica se aplique en el resto del país, aunque en La Pampa no se conocen todavía movidas en ese sentido.Los patrones rurales de nuestra provincia consideran que la actualización bonaerense es un “desmesurado aumento” en el impuesto inmobiliario rural.
Como parte de la reacción del sector, se produjeron incidentes en la Legislatura bonaerense: la manifestación estuvo comandada por Hugo Biolcati, presidente de la Sociedad Rural Argentina.La posición de Biolcati sobre el tema es que “los gobernadores ofician de agentes recaudadores para la Nación”.Los patrones rurales pampeanos insisten en que en la provincia de Buenos Aires se intenta un “confiscatorio revalúo fiscal de la tierra, castigando a uno de los sectores que más ha aportado para la recuperación económica del país”.
Según la Comisión de Enlace, “dicho proyecto termina siendo un ‘Gran caballo de Troya’ que trae consigo, a través del revalúo, un excesivo incremento en un menú de impuestos nacionales que provocarán una enorme transferencia de dinero desde las comunidades del interior productivo hacia la Nación, ya que de esta masa de dinero sólo regresa una mínima porción (10%) a los pueblos bonaerenses”.“Este pretendido aumento -insiste la solicitada- condena a las comunidades del interior bonaerense a depender aún más de un centralismo que digitará qué pueblo será o no beneficiado con recursos para su normal desarrollo”.

1964: Golpe militar a serviço de um Golpe de classe

Leonardo Boff *
22/05/2012
Embora tardiamente, enfim, a Comissão da Verdade foi instaurada para trazer à luz os crimes, as torturas, as violências e os desaparecimentos perpetrados pelos agentes do Estado de cunho ditatorial. Deve fazer justiça às vítimas que sobreviveram e aos parentes e amigos dos desaparecidos. Importa enfatizar a natureza diferente da violência praticada pelo Estado de terror  e aquela dos que resistiram, mesmo com armas na mão. A do Estado é perpetrada em contradição à função do Estado como Estado. Só ele tem o uso legítimo da violência (só a ele cabe prender, julgar e punir). Mas é seu dever proteger a vida daqueles que estão sob sua guarda. Se não o faz, seviciando, torturando e até assassinando, comete um crime e se transforma num Estado de terror. Foi o que ocorreu no Brasil e em vários países da América Latina. Aqui importa honrar a dignidade da Presidenta Dilma Rousseff que foi torturada durante uma semana e hoje, sem rancor e mágoa, é comandante em chefe das Forças Armadas que carregam pesada memória por aquilo que pela força impuseram ao país.

1.O contexto maior da violência do Estado

O objeto da Comissão da Verdade deve sim, tratar dos crimes e dos desaparecimentos. É sua tarefa precípua e estatutária. Mas não pode se reduzir a estes fatos. Há o risco de os juízos serem pontuais e os casos derivarem numa casuística indesejada. Precisa-se analisar o contexto maior que permite entender a lógica da violência estatal e explica a sistemática produção de vítimas. Mais ainda, deixa claro a perversidade que foi a banalização da suspeita, das denúncias, das espionagens e da criação de um ambiente de medo generalizado e desencorajador.

Cabe, a meu ver, à Comissão da Verdade, proceder a um trabalho complementar: depois de ter levantado os dados da violência de Estado e de suas vítimas, cumpre fazer um juízo ético-político sobre todo o período ditatorial que se prolongou por 21 anos (1964-1985). Por que tal tarefa é imprescindível e de grande relevância moral? Porque vítimas não são apenas os que sentiram em seus corpos a truculência dos agentes do Estado. Vítimas foram todos os cidadãos. Foi toda a nação.

2.O “Golpe militar” como crime lesa-pátria

Importa dizer com todas as palavras que o assalto ao poder foi um crime contra a constituição. Foi rasgar as leis e em seu lugar instaurar o arbítrio. Foi uma ocupação violenta de todos os aparelhos de Estado para a partir deles montar uma ordem regida por atos institucionais, pela tirania, pela repressão  e pela violência.

Nada mais dilacerador das relações sociais que a ruptura do contrato social. É este que permite a todos conviverem com um mínimo de segurança e de paz. Quando este é anulado, no lugar do direito entra o arbítrio e no lugar da segurança vigora o medo. Basta a suspeita de alguém ser subversivo para ser tratado como tal. Mesmo detidos e sequestrados por engano, mas suspeitos como opositores, como ocorreu com muitos inocentes camponeses, para logo serem submetidos a sevícias e a sessões intermináveis de torturas. Muitos não resistiram e sua morte equivale a um assassinato. Não devemos deixar passar ao largo, os esquecidos dos esquecidos que foram os 246 camponeses mortos ou desaparecidos entre 1964-1979. Esperamos que a Comissão da Verdade traga sua paixão e morte à luz da verdade.

Retomando o tema: o que os militares cometeram foi um crime lesa-pátria. Alegam que se tratava de uma guerra civil, um lado querendo impor o comunismo e o outro defendendo a ordem democrática. Esta alegação não se sustenta. O comunismo nunca representou uma ameaça real. Na histeria da guerra-fria, todos os que queriam reformas na perspectiva dos historicamente condenados e ofendidos – as grandes maiorias operárias e camponesas – eram logo acusados de comunistas e e de marxistas, mesmo que fossem bispos como Dom Helder Câmara. Contra eles não cabia apenas a vigilância, mas a perseguição, a prisão, o interrogatório aviltante, o pau-de-arara feroz, os afogamentos desesperador e os alegados “suicídios” que camuflavam o puro e simples assassinato. Em nome de combater o perigo comunista, assumiram a lógica comunista-estalinista da brutalização dos detidos. Em alguns casos se incorporou o método nazista de incinerar cadáveres como admitiu o ex-agente do Dops Cláudio Guerra.

3. O capitalismo selvagem como o grande inimigo

O grande perigo no Brasil e na América Latina sempre foi o capitalismo selvagem que criou o maior fosso de desigualdades  entre ricos e pobres, sem paralelos no mundo até os dias atuais. Esse capitalismo sugou a população brasileira por séculos. No dizer de Capistrano de Abreu, nosso historiador mulato, “capou e recapou, sangrou e ressangrou” as multidões de nossa população, sem direitos e sem defesa.

O Estado ditatorial militar, por mais obras que  tenha feito, fez regredir política e culturalmente o Brasil. Expulsou ou obrigou ao exílio nossas inteligências mais brilhantes como Paulo Freire, Josué de Castro, Álvaro Oliveira Pinto, Darcy Ribeiro, Fernando Henrique Cardoso,  Betinho, Leandro Konder, Luiz Alberto Gómes de Souza, Luis Gonzaga de Souza Lima só para citar alguns  nomes entre dezenas de outros notáveis.

Que perigo poderiam representar jornalistas como Zuenir Ventura, Luis Fernando Veríssimo, Ziraldo, Heitor Cony, Miriam Leitão e os cantores Gilberto Gil, Caetano Veloso, Chico Buarque, novamente para citar alguns entre tantos, para serem detidos e interrogados?

4. Os danos causados à nação

A repressão e o medo abortaram o desenvolvimento de nossa intelectualidade que começava, de forma promissora, a pensar o Brasil a partir do Brasil. Abafaram lideranças políticas e condenaram a muitos, sem princípios éticos e sem sentido de brasilidade, a serem seus súcubos, recompensados com benesses desde estações de rádio, jornais e canais de televisão.

Portanto, a nação inteira foi agredida e exposta à irrisão internacional. Os que deram o golpe de Estado que, como logo veremos, foi principalmente um golpe de classe, devem ser responsabilizados moralmente por esse crime coletivo contra o povo brasileiro. Não foram seus benfeitores mas aqueles que os mantiveram na ignorância, na minoridade e numa atmosfera de permanente medo.

Permito-me referir um caso pessoal: quando publiquei meu livro Jesus Cristo Libertador em princípios de 1972 tive que me esconder por uma semana. A palavra “libertador” e “libertação” era oficialmente proibida. Por causa disso já era procurado para me explicar. O advogado da Vozes, um ex-pracinha, portanto um militar competente e moderado, teve muito trabalho para convencer os órgãos de repressão de que havia um equívoco, pois se tratava de teologia e não de política. Bastava ver os longos rodapés quase todos citando  literatura alemã (acabava de regressar de meus estudos na Alemanha) para provar a minha inoperância subversiva. Escapei de ser interrogado, embora a vigilância continuasse forte, a ponto de sempre ter que viajar acompanhado e falando com o companheiro numa língua estrangeira  para despistar os seguidores. A estupidez oficial era tanta que em Porto Alegre deu-se ordem de busca e prisão ao Senhor Medellin. Mal sabia o oficial que nunca existiu um Senhor Medellin. Tratava-se dos documentos de viés libertador da Conferência Latino-Ameriana de Bispos realizada na cidade colombiana de Medelin em 1969.

5. Golpe de classe com apoio do golpe militar

Os  militares abandonaram o poder e pelos acertos da Anistia Geral e Irrestrita para ambos os lados (ainda sujeita à análise de sua validade jurídica) garantiu sua impunidade e intangibilidade. Em nome deste status resistem ao que foi aprovado pelo Parlamento e feito ação de Estado e não de Governo: a instauração da Comissão da Verdade. E ainda, como se tivessem algum poder que, na verdade é inexistente e vazio, através de porta-vozes desafiam a Presidenta e outras autoridades civis. A melhor resposta é o silêncio e o desdém nacional para a  vergonha internacional deles.

Os militares que deram o golpe se imaginam que foram eles os principais protagonistas desta nada gloriosa história. Na sua indigência analítica, mal suspeitam que foram, na verdade, usados por forças muito maiores que as deles. René Armand Dreifuss escreveu sua tese de doutorado na Universidade de Glasgow com o título: 1964: A conquista do Estado, ação política, poder e golpe de classe (Vozes 1981). Trata-se de um livro com 814 páginas das quais 326 de documentos originais. Por estes documentos fica demonstrado: o que houve no Brasil não foi um golpe militar, mas um golpe de classe com uso da força militar.

A partir dos anos 60 do século passado se constituiu o  complexo IPES/IBAD/GLC.  Explico: o Instituto de Pesquisas e Estudos Sociais (IPES fundado em 29 de novembro de 1961), o Instituto Brasileiro de Ação Democrática (IBAD), o Grupo de Levantamento de Conjuntura (GLC) e mais tarde,  oficiais da Escola Superior de Guerra (ESG), formando uma rede nacional composta por grandes empresários multinacionais, nacionais, banqueiros, órgãos de imprensa, intelectuais e alguns militares, a maioria listados no livro de Dreifuss. O que os unificava, diz o autor “eram suas relações econômicas multinacionais e associadas, o seu posicionamento anticomunista e a sua ambição de readequar e reformular o Estado”(p.163) para que fosse funcional a seus interesses corporativos. O inspirador deste grupo era o General Golbery de Couto e Silva que já em “em 1962 preparava um trabalho estratégico sobre  o assalto ao poder”(p.186).

A conspiração pois estava em marcha, há bastante tempo, levada avante, não diretamente pelos militares mas pelo complexo IPES/IBAD/GLC, articulados com a CIA e com a embaixada norte-americana que repassava dinheiros e acompanhava o desenrolar de todos os fatos.

Aproveitando-se a confusão política criada ao redor do Presidente João Goulart identificado como o portador do projeto comunista, este grupo viu a ocasião apropriada para realizarem seu projeto. Chamaram os militares para darem o golpe e tomarem de assalto o Estado. Foi, portanto, um golpe da classe dominante multinacional associada à nacional, usando o poder militar. Conclui Dreifuss: “O ocorrido em 31 de março de 1964 não foi um mero golpe militar; foi um movimento civil-militar; o complexo IPES/IBAD e oficiais da ESG organizaram a tomada do poder do aparelho de Estado”(p. 397). Especifica Dreifuss: ”O Estado de 1964 era de fato um Estado classista e, acima de tudo, governado por um bloco de poder”(p. 488). E especificamente afirma: ”A história do bloco de poder multinacional e associados começou a 1º de abril de 1964, quando os novos interesses realmente tornaram-se Estado, readequando o regime e o sistema político e reformulando a economia a serviço de seus objetivos”(p.489).

Para sustentar a ditadura por tantos anos criou-se uma forte articulação de empresários, alguns dos quais financiavam a repressão, os principais meios de comunicação, magistrados e intelectuais anticomunistas declarados, entre outros. A Doutrina de Segurança Nacional não era outra coisa que a Doutrina da Segurança do Capital.

Os militares inteligentes e nacionalista de hoje deveriam dar-se conta de como foram usados não contra uma presumida causa – o combate ao perigo comunista – mas a serviço do capital multinacional e nacional que estabeleceu relações de alta exploração e de grande acumulação para as elites oligárquicas, articuladas com o poder militar. O golpe não serviu aos interesses nacionais globais, mas aos interesses corporativos de grupos nacionais articulados com os internacionais sob a égide do poder ditatorial dos militares.

A Comissão da Verdade  prestaria esclarecedor serviço ao país se trouxesse à luz esta trama. Ela simplesmente cumpria sua missão de ser Comissão da Verdade. Não apenas da Verdade de fatos individualizados de violência de Estado mas da Verdade do fato maior da dominação de uma classe poderosa, nacional associada à multinacional que usou o poder discricionário dos militares para operar, tranquilamente, sua acumulação privada à custa da maioria do povo brasileiro.

Os 21 anos de regime ditatorial nos privaram da liberdade, causaram muitas mortes e desaparecimentos, um atraso político e um oneroso padecimento a todos.

Leonardo Boff é teólogo, filósofo, membro da Iniciativa Internacional da Carta da Terra e escritor.

lunes, mayo 21, 2012

La Otan confirmó que seguirá con la ocupación en Afganistán

Tras 11 años de presencia militar, el presidente Obama señaló que la Alianza Atlántica es la más exitosa de la historia y que cumple todavía un importante papel en el mundo.

Chicago. La Otan tiene todavía un importante papel que desempeñar en el mundo de hoy, afirmaron el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el secretario general de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, quien en el inicio de la cumbre en Chicago confirmó la permanencia de las tropas en Afganistán.
“Juntos, seguiremos haciendo que la Otan sea capaz de responder a los desafíos de seguridad de mañana, porque ningún país, ningún continente, puede hacerles frente solo”, declaró Rasmussen a los 28 jefes de Estado y de gobierno de la Otan.
“Podemos encontrar soluciones comunes a problemas comunes”, aseguró al respecto para expresar luego una de las posiciones que más interesaban a Obama: “No habrá salida apresurada de las tropas internacionales de Afganistán”, aseguró al prometer que la cumbre demostrará el “poderoso compromiso” internacional con ese país.
Por su parte, el anfitrión de la cita, Obama, calificó a la Otan como “la alianza más fuerte y exitosa que haya visto jamás el mundo”.
“Nuestra alianza ha sido la base de nuestra seguridad común, de nuestra libertad y de nuestra prosperidad”, afirmó. “Aunque los tiempos hayan cambiado, la razón fundamental de nuestra alianza no lo ha hecho”, agregó, en declaraciones que reproduce la agencia de noticias DPA.
La situación afgana concentra el foco de las discusiones en la reunión, a la luz de la promesa realizada  durante su campaña por el presidente francés, François Hollande, de retirar sus tropas, lo que supone un adelanto de dos años con respecto a la conclusión de la fase de transición marcado por la Alianza (finales de 2014).
Rasmussen se reunió ayer con Hollande previo al comienzo de la cumbre, y señaló en unas declaraciones previas a la prensa que “no habrá una carrera” entre los países de la Otan para sacar a sus tropas de suelo afgano.
En tanto, la canciller alemana, Angela Merkel, señaló a la prensa que la Alianza Atlántica debe salir toda junta de Afganistán y no sus miembros de forma individual.
El inicio de la cumbre estuvo precedida por manifestaciones de miles de personas en la metrópolis estadounidense, blindada por 3.000 agentes especiales, calles cortadas, piquetes policiales en las esquinas y restricciones en el tren subterráneo.

sábado, mayo 19, 2012

Del alma de la revolución, y del deber de América en Cuba

VIERNES, 18 DE MAYO DE 2012
Por Guillermo Castro Herrera*

Conferencia en la Facultad de Humanidades de la Universidad de Panamá
Para Fernando Martínez Heredia, parlamentario en una trinchera
Hace 51 años ya, el 9 de abril de 1961, se planteaba Ernesto Guevara la pregunta de si Cuba debía ser considerada una excepción o la vanguardia de la lucha revolucionaria en América Latina. Era una pregunta justa entonces, y lo sigue siendo hoy, aun cuando haya cambiado mucho el mundo desde entonces y, con el mundo, hayan cambiado los términos en que sea posible plantear hoy el problema.

Cabría decir hoy, por ejemplo, que Cuba ha ocupado una posición de vanguardia en el proceso de formación de la América Latina contemporánea debido a las características excepcionales de su propio proceso de formación histórica. De este modo, si en la coyuntura de los años 60 Cuba resultó finalmente excepcional, esa misma excepcionalidad desempeñó un papel de primer orden en su capacidad para enfrentar con éxito las terribles presiones de la Guerra Fría, y las del ajuste neoliberal que resultó del fin de aquel período histórico, y desempeñar un papel de excepcional trascendencia histórica en la preservación de las capacidades de lucha y solidaridad de nuestra América.

Ese papel de Cuba en América subyace en una circunstancia en que la América nuestra se ha constituido en un centro de referencia planetario para la formación de una cultura y una política nuevas. Ya no sorprende, en verdad, que Jean Luc Melenchon, el candidato de la izquierda en las recientes elecciones en Francia, reconozca el aporte a la construcción de la propuesta política de su movimiento de la experiencia de los pueblos de Uruguay, Argentina, Ecuador y Bolivia en el enfrentamiento a las peores consecuencias del neoliberalismo. Y este aporte, a su vez, llega a Europa a través de los espacios de participación y dialogo de movimientos como el Foro Social Mundial, nacido y forjado desde la América nuestra también.

No es el caso discutir aquí el detalle de esa excepcionalidad, aunque es indispensable recordar algunos de los rasgos que la caracterizan. El primero y más visible de ellos radica en el hecho de que fuera Cuba la última colonia española en lanzarse a la lucha por su independencia entre 1868 y 1878, cuando el resto de las repúblicas hispanoamericanas entraban de lleno a la consolidación de sus Estados liberales oligárquicos, tras el prolongado período de conflictos internos que siguió a la independencia conquistada entre 1810 y 1825.

Si bien la guerra del 68 no logró obtener la independencia por la cual lucharon los cubanos, demostró la incapacidad de España para derrotar a los insurgentes, con los que se vio obligada a pactar. Además, y sobre todo, tuvo un impacto decisivo en la formación de la identidad nacional cubana, y en la depuración de muchos de los conflictos internos generados por la dominación colonial.

Esto ayuda a entender un segundo rasgo excepcional. En efecto, la segunda fase militar de la lucha de los cubanos por su independencia, entre 1895 y 1898, expresó ya todas las características fundamentales de una guerra de liberación nacional, encaminada a la conquista del poder político para emprender un vasto programa de reforma social, económica y cultural, destinado a crear en la Isla un Estado liberal de carácter democrático y no oligárquico, como habían llegado a ser los del resto de la región.

A lo anterior contribuyeron dos circunstancias puntuales.  Una, la presencia en el movimiento revolucionario cubano de un contingente de intelectuales y profesionales de capas medias sin equivalente en los movimientos de independencia de comienzos del XIX. La segunda, en que esa intelectualidad, que tuvo en Martí su más alto exponente, pudo y supo someter a crítica las debilidades del Estado liberal oligárquico, y los peligros que anunciaba la fortaleza creciente del imperialismo en el sistema mundial.    
La presencia de esa intelectualidad está vinculada, además, a un tercer rasgo excepcional: el hecho de que los fines democráticos que alentaban en el proceso revolucionario animaran, desde mediados de la década de 1880, la creación de los medios políticos y culturales necesarios para alcanzarlos, de entre los cuales destacan el Partido Revolucionario Cubano, finalmente establecido en 1891, y su periódico Patria, que le dio voz y perfil. La singular modernidad de esos medios ha sido destacada ya por múltiples estudios. Lo que cabe recalcar aquí es que quienes convocaron a la guerra del 95 lo hicieron a partir de un previo proceso de construcción de un sujeto político nuevo, que reconocía en el Partido Revolucionario una fuente de autoridad moral y política en la medida en que participaba de un modo activo en su vida interna y en la lucha por establecer una república democrática sobre las ruinas de la última colonia española en América.

El alma de la revolución…

El proceso de creación de estas condiciones para la lucha de liberación nacional alcanza expresiones de una singular claridad en tres textos ejemplares de la obra martiana. Nos referimos al ensayo Nuestra América, publicado en México y en Nueva York en enero de 1891; al discurso pronunciado por Martí en el tercer aniversario del Partido Revolucionario Cubano, en 1894, que ha llegado a nosotros con el título El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América y, en 1895, el Manifiesto de Montecristi, que anunció el inicio de la guerra de liberación, y definió lo esencial de sus fines y sus medios.

El primero de ellos, Nuestra América, sintetiza la crítica martiana al Estado liberal oligárquico, y llama a su reforma cultural y moral en nombre de la creación de las condiciones políticas indispensables para resistir con éxito los peligros de la expansión del imperialismo norteamericano, entonces naciente, sobre las jóvenes naciones hispanoamericanas. Hay, aquí, un claro llamado a la joven intelectualidad liberal hispanoamericana, de orientación radical y democrática - que reconocía en Martí al primero entre sus iguales -, a conducir aquel proceso de reforma, proclamando la necesidad de entender que nuestras repúblicas “han purgado en las tiranías su incapacidad para conocer los elementos verdaderos del país, derivar de ellos la forma de gobierno y gobernar con ellos”, y que gobernante, en pueblos nuevos como los nuestros – donde se imita demasiado, se desdeña lo propio, y se tiende constantemente a reproducir los hábitos del privilegio -, “quiere decir creador”. Y frente a esa situación propone el programa mínimo necesario para encararla y superarla. “A lo que es”, dice, “allí donde se gobierna, hay que atender para gobernar bien […] El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma de gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país.

Esta necesidad de conocer, y de gobernar a nuestros países conforme al conocimiento resultaba tanto más urgente cuanto que la persistencia de los hábitos del mal gobierno entre nosotros venían del hecho de que no había sido atendido aún el problema central de la independencia, que “no era el cambio de formas, sino el cambio de espíritu”, de lo cual dependía a su vez la posibilidad de una relación con el sistema mundial guiada por el más sencillo y sensato de los principios: “Injértese en nuestras repúblicas el mundo;” decía, “pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas.”

Esta advertencia se hacía aún más urgente en cuanto se advertía que en ese mundo era visible un peligro para nuestra América, que no le venía “de sí”, sino “de la diferencia de orígenes, métodos e intereses entre los dos factores continentales, y es la hora próxima en que se le acerque, demandando relaciones íntimas, un pueblo emprendedor y pujante que la desconoce y la desdeña.” Y ante ese peligro, de un modo característico en toda su obra política, Martí no se limitaba a advertir el peligro, sino que se adelantaba de inmediato a proponer a forma más adecuada para encararlo:

El desdén del vecino formidable, que no la conoce, es el peligro mayor de nuestra América; y urge, porque el día de la visita está próximo, que el vecino la conozca, la conozca pronto, para que no la desdeñe. Por el respeto, luego que la conociese, sacaría de ella las manos. […] Pensar es servir. Ni ha de suponerse, por antipatía de aldea, una maldad ingénita y fatal al pueblo rubio del continente […] ni se han de esconder los datos patentes del problema que puede resolverse, para la paz de los siglos, con el estudio oportuno y la unión tácita y urgente del alma continental.

Esta visión de nuestra América y su lugar en el mundo desempeñó un papel de primer orden en la concepción del programa del Partido Revolucionario Cubano. La independencia de Cuba, en efecto, no podía tener mejor garantía que la de la afirmación de la del resto de los Estados hispanoamericanos. Esa íntima relación tiene una admirable expresión en el discurso que pronunciara Martí en 1894 con motivo del tercer aniversario de la creación del Partido, titulado – justamente – El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América. Allí, el carácter democrático del Partido es definido en directa relación con su propósito mayor: llevar a cabo la empresa, “americana por su alcance y espíritu, de fomentar con orden y auxiliar con todos sus elementos reales –por formas que con el desembarazo de la energía ejecutiva combinan la plenitud de la libertad individual–  la revolución de Cuba y Puerto Rico para su independencia absoluta.”

Tal empresa, a su vez, demanda crear el sujeto colectivo capaz de llevarla a cabo. Por ello, y para ello, se ha de entender, dice, que
“A su pueblo se ha de ajustar todo partido público, y no es la política más, o no ha de ser, que el arte de guiar, con sacrificio propio, los factores diversos u opuestos de un país de modo que, sin indebido favor a la impaciencia de los unos ni negación culpable de la necesidad del orden en las sociedades–sólo seguro con la abundancia del derecho–vivan sin choque, y en libertad de aspirar o de resistir, en la paz continua del derecho reconocido, los elementos varios que en la patria tienen título igual a la representación y la felicidad”.
Y añade:
“Un pueblo no es la voluntad de un hombre solo, por pura que ella sea, ni el empeño pueril de realizar en una agrupación humana el ideal candoroso de un espíritu celeste, ciego graduado de la universidad bamboleante de las nubes.[…] Un pueblo es composición de muchas voluntades, viles o puras, francas o torvas, impedidas por la timidez o precipitadas por la ignorancia. Hay que deponer mucho, que atar mucho, que sacrificar mucho, que apearse de la fantasía, que echar pie a tierra con la patria revuelta, alzando por el cuello a los pecadores, vista el pecado paño o rusia: hay que sacar de lo profundo las virtudes, sin caer en el error de desconocerlas porque vengan en ropaje humilde, ni de negarlas porque se acompañen de la riqueza y la cultura”.

 “Franca y posible  –culmina– la revolución tiene hoy la fuerza de todos los hombres previsores, del señorío útil y de la masa cultivada, de generales y abogados, de tabaqueros y guajiros, de médicos y comerciantes, de amos y de libertos. Triunfará con esa alma, y perecerá sin ella. Esa esperanza, justa y serena, es el alma de la revolución”.
Definido en esos términos el proceso de reforma espiritual que demanda la independencia como medio para erradicar de Cuba el legado terrible del colonialismo, Martí pasa a considerar ese propósito en el marco del escenario mundial en que ha de ser llevado a cabo, en los términos más claros y enérgicos. “Hay que prever,” dice, “y marchar con el mundo”, pues “la junta de voluntades libres del Partido Revolucionario Cubano,” carecería de valor si, “aunque entendiese los problemas internos del país,” y el modo de ponerles remedio, “no se diera cuenta de la misión, aún mayor, a que lo obliga la época en que nace y su posición en el crucero universal”. Por lo mismo, añade, es necesario “tener el valor de la grandeza: y estar a sus deberes.”  Y define enseguida el carácter y alcance de los deberes que demandan ese valor correspondiente a su grandeza:
“En el fiel de América están las Antillas, que serían, si esclavas, mero pontón de la guerra de una república imperial contra el mundo celoso y superior que se prepara ya a negarle el poder, –mero fortín de la Roma americana;–y si libres, –y dignas de serlo por el orden de la libertad equitativa y trabajadora–serían en el continente la garantía del equilibrio, la de la independencia para la América española aún amenazada, y la del honor para la gran república del Norte, que en el desarrollo de su territorio–por desdicha, feudal ya, y repartido en secciones hostiles, –hallará más segura grandeza que en la innoble conquista de sus vecinos menores, y en la pelea inhumana que con la posesión de ellas abriría contra las potencias del orbe por el predominio del mundo. Es un mundo lo que estamos equilibrando: no son sólo dos islas las que vamos a libertar”.
Por lo mismo, advierte,
“Un error en Cuba, es un error en América, es un error en la humanidad moderna. Quien se levanta hoy con Cuba, se levanta para todos los tiempos [porque] la independencia de Cuba y Puerto Rico no es sólo el medio único de asegurar el bienestar decoroso del hombre libre en el trabajo justo a los habitantes de ambas islas, sino el suceso histórico indispensable para salvar la independencia amenazada de las Antillas libres, la independencia amenazada de la América libre, y la dignidad de la república norteamericana”.
Pocos meses después, al iniciar el tramo final del camino hacia su caída en combate, Martí elabora, en diálogo franco y sincero con Máximo Gómez – junto a Antonio Maceo, grande entre los grandes de la guerra del 68 – el Manifiesto de Montecristi, en el que el alma de la revolución se traduce en el llamado a la guerra que había venido a ser necesaria para encarnarla en una república nueva, construida con todos y para el bien de todos los que la deseaban. A esa guerra – concebida como medio para culminar la revolución iniciada en 1868 - se iba, no invocando la voluntad de uno u otro caudillo, sino “en virtud del orden y acuerdos del Partido Revolucionario en el extranjero y en la Isla, y de la ejemplar congregación en él de todos los elementos consagrados al saneamiento y emancipación del país, para bien de América y del mundo”.

Ese carácter de empresa colectiva, concebida y organizada por medios democráticos en nombre del interés general de la nación cubana, permitía convocar a la guerra necesaria en Cuba “con la plena seguridad” 
“de la competencia de sus hijos para obtener el triunfo, por la energía de la revolución pensadora y magnánima, y de la capacidad de los cubanos, cultivada en diez años primeros de fusión sublime, y en las prácticas modernas del gobierno y el trabajo, para salvar la patria desde su raíz de los desacomodos y tanteos, necesarios al principio del siglo, […] en las repúblicas feudales o teóricas de Hispano-América […] que conocían sólo de las libertades el ansia que las conquista, y la soberanía que se gana por pelear por ellas”.
Cuba, en efecto, volvía a la guerra “con un pueblo democrático y culto, conocedor celoso de su derecho y del ajeno; o de cultura mucho mayor, en lo más humilde de él, que las masas llaneras o indias con que, a la voz de los héroes primados de la emancipación, se mudaron de hatos en naciones las silenciosas colonias de América”, y capaz por tanto de constituir su patria “desde sus raíces [...] con formas viables, y de sí propia nacidas, de modo que un gobierno sin realidad ni sanción no la conduzca a las parcialidades o a la tiranía.” Eso permitía definir con especial claridad los propósitos del empeño a que eran convocados los cubanos:
“Conocer y fijar la realidad; componer en molde natural, la realidad de las ideas que producen o apagan los hechos, y la de los hechos que  nacen de las ideas; ordenar la revolución del decoro, el sacrificio y la cultura que modo que no quede el decoro de un solo hombre lastimado, ni el sacrificio parezca inútil a un solo cubano, ni la revolución inferior a la cultura del país […]:–ésos son los deberes, y los intentos, de la revolución”.
Y permitía eso también poner en su justa perspectiva el alcance de la empresa a que se convocaba:
“La guerra de independencia de Cuba, nudo del haz de islas donde se ha de cruzar, en plazo de pocos años, el comercio de los continentes, es suceso de gran alcance humano, y servicio oportuno que el heroísmo juicioso de las Antillas presta a la firmeza y trato justo de las naciones [de] americanas, y al equilibrio aun vacilante del mundo.
…y el deber de América en Cuba

Hay, en el Manifiesto de Montecristi, un párrafo especialmente conmovedor. “Honra y conmueve pensar”, se dice allí,
“que cuando cae en tierra de Cuba un guerrero de la independencia, abandonado tal vez por los pueblos incautos o indiferentes a quienes se inmola, cae por el bien mayor del hombre, la confirmación de la república moral en América, y la creación de un archipiélago libre donde las naciones respetuosas derramen las riquezas que a su paso han de caer sobre el crucero del mundo”.
Desde la excepcionalidad de su condición histórica, Cuba ha cumplido sin duda alguna con su deber hacia América. Su guerra de liberación nacional inauguró nuestra contemporaneidad en el plano político, como Nuestra América la había anunciado en el cultural. De esa contemporaneidad da cuenta el carácter de los medios políticos y culturales creados para abrirle paso, como de la eficacia de esos medios da cuenta la creación de una identidad nacional cubana capaz de resistir y persistir ante toda forma de opresión y todo intento de agresión. Y da cuenta de ella, también, el hecho de que a 117 años de su caída en combate, podamos hablar con Martí, y no simplemente de él.

América, la nuestra, cumple hoy por su parte con su deber hacia Cuba. Se niega a la complicidad con los que quisieran ver a Cuba excluida de las Américas y, en el momento en que se renueva de la Patagonia al río Bravo la lucha de nuestros pueblos por el derecho al ejercicio fecundo de su identidad, se renueva también el reconocimiento a Cuba por el cumplimiento de los deberes hacia América que emanan del alma de su revolución. No se le reclaman los errores en que pueda haber incurrido – derivados, cuando más, del cumplimiento del mandato martiano de consolar aun a costa del riesgo de errar, “porque el que consuela nunca yerra” -, sino que se camina con ella en el sendero de las rectificaciones que se propone, entendiéndolas como la expresión, allá, del mismo proceso de búsqueda de caminos nuevos hacia un destino común en que coinciden todas nuestras sociedades.

El alma de la revolución se expresa, hoy, en los hechos que confirman – como lo preveía Nuestra América en 1891 – que nuestros países “se salvarán porque, con el genio de la moderación que parece imperar, por la armonía serena de la Naturaleza, en el continente de la luz, y por el influjo de la lectura crítica que ha sucedido en Europa a la lectura de tanteo y falansterio en que se empapó la generación anterior, le está naciendo a América, en estos tiempos reales, el hombre real.” Ya no somos “una visión, con el pecho de atleta, las manos de petimetre y la frente de niño.” El indio ya no está mudo; el negro ya no está “solo y desconocido, entre la olas y las fieras”; el campesino encuentra ahora compatriotas solidarios en la ciudad.

Hoy, de nuevo, se ponen en pie los pueblos, y se saludan. “«¿Cómo somos?» se preguntan; y unos a otros se van diciendo cómo son”, mientras los jóvenes de nuestra América se ponen otra vez “la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura del sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear es la palabra de pase de esta generación.” El alma de la revolución está en América, con Cuba, como está la América atendiendo a su deber en Cuba. Estamos todos, sin duda, en la hora del recuento y de la marcha unida: ¡Se han puesto en fila los árboles, de nuevo, y empezamos a andar los pueblos en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes!
Muchas gracias

Bibliografía
Martí, José:
-“Nuestra América.” La Revista Ilustrada de Nueva York, 10 de enero de 1891; El Partido Liberal, México, 30 de enero de 1891.
-“El tercer año del partido revolucionario cubano.” ( El alma de la revolución, y el deber de Cuba en América.) Patria, Nueva York, 17 de abril de 1894.
-Manifiesto de Montecristi. Montecristi, República Dominicana, 25 de marzo de 1895. José Martí / Máximo Gómez.
Imagen agregada: pintura Jorge ARCHE 

* Sociólogo, escritor y educador panameño;  Miembro del Centro de Estudios Latinoamericanos de Panamá CELA e investigador del Instituto de Estudios Nacionales IDEAN de la Universidad de Panamá, entre otros.

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