En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.”
fragmento: declaración de principios de ALIA*

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viernes, febrero 12, 2016

¿Y si el 24 de marzo hacemos una sola marcha?

Por Itai Hagman *
Página/12
Los 40 años del golpe nos encuentran más lejos de los sueños por lo que pelearon miles de militantes detenidos-desaparecidos. Nadie podría afirmar que este 2016 es un año más en la historia de nuestro país, ni los paladines del cambio ni tampoco quienes nos oponemos.

Son innumerables las medidas económicas, políticas e institucionales que significan un retroceso para la mayoría de nuestro país. Devaluación, quita de retenciones a los agroexportadores, el reimpulso del endeudamiento externo, miles de empleados estatales despedidos, son sólo los destellos más importantes de una política económica que redunda en una brutal transferencia de ingresos de los sectores populares hacia los grandes empresarios. Abrazos con el vicepresidente de EE.UU. y halagos hacia el premier inglés mientras transforman a nuestro país en la punta de lanza de la región contra el gobierno de Venezuela, la puesta en escena del combate contra el narcotráfico –y su contracara, la emergencia en seguridad expresada en un aumento cualitativo del despliegue policial en los barrios pobres–, la catarata de DNU usurpando las atribuciones legislativas del Congreso, la criminalización de la protesta social, son todas manifestaciones de un gobierno que –haciendo a un lado su excelente estrategia comunicacional– expresa el ascenso de una derecha decidida a ejercer el gobierno sin ceder un ápice en sus pilares políticos e ideológicos.

La particular situación de las políticas de memoria, verdad y justicia no es ajena a este cuadro. Si este gobierno no detiene los procesos judiciales en curso por los delitos de lesa humanidad no es porque no quiera, es en realidad, porque no está entre sus atribuciones hacerlo. Sin embargo, el despido de trabajadores que se desempeñaban en áreas del Poder Ejecutivo destinadas a la protección de los testigos de los juicios y a realizar investigaciones sobre las estructuras represivas de las fuerzas armadas y las fuerzas de seguridad, pone en evidencia la deliberada vocación del presidente Macri de quitarles a los juicios la asistencia que les brindaban distintas áreas y programas del Poder Ejecutivo, para finalmente dejarlos agonizar.

Así las cosas, la mera puesta en duda del número de detenidos-desaparecidos por un funcionario macrista, deja ser una bravuconada aislada para constituirse en una verdadera traición del inconsciente gubernamental.

Hace varios años que por distintas razones los organismos de DD.HH. y las organizaciones populares que reivindicamos la lucha de los 30.000 no marchamos juntos cada 24 de marzo. ¿Es correcto seguir haciéndolo como si nada pasara en la Argentina? ¿Alguien en su sano juicio creería que a este gobierno le da exactamente igual que la movilización más importante de la Argentina nos encuentre divididos? Cada organización tiene derecho a mantener sus banderas en alto, a plantear sus propias consignas, a defender con orgullo su identidad, sus ideales y sus opciones políticas; pero este 24 de marzo realizar dos, tres o diez marchas separadas únicamente provocaría la alegría de este gobierno –y por qué no la risa ante el ridículo–.

La triste realidad que vive nuestro país pero también los miles de manifestaciones espontáneas de amplios sectores de nuestro pueblo denunciando las políticas de Macri nos reclaman mayor madurez política. No es sólo una necesidad, es un deber de la militancia, honrar la memoria de los 30.000 compañeros y compañeras y la lucha de Madres y Abuelas de plaza de mayo en una convocatoria conjunta.

Estamos convencidos que la hora actual demanda hacer a un lado las diferencias que nos separaron en el pasado reciente y unir fuerzas para volver a fundirnos en un único grito:

¡No olvidamos! ¡No perdonamos! ¡No nos reconciliamos!

* Dirigente del Movimiento Patria Grande.

domingo, octubre 04, 2015

"LO DECÍAMOS AYER": Arg. Los matones (18/12/2010)

La ciudad de Buenos Aires se ha convertido, ahora sí, en un gran basural, pero no de basura material, sino ideológica...
Nunca la ciudad generó tanto olor a podrido como cuando tantas cabezas se pusieron a pensar la misma mierda...
fuente / página |12 / Luis Bruschtein
En el barrio Piedrabuena se describía el saqueo a un supermercado que nunca se había producido y en otros barrios populares de la ciudad algunos vecinos se preparaban para una invasión de paraguayos y bolivianos que nunca se produciría. 
La xenofobia había cundido y no solamente entre los vecinos argentinos blancos de Soldati. 
Entre los ricos y los pobres de todo tipo y nacionalidad surgían resquemores y miradas de desconfianza.
La ciudad de Buenos Aires se había convertido, ahora sí, en un gran basural, pero no de basura material, sino ideológica. Una gran estupidez con sabor amargo se reproducía en las colas de los bancos, en los comentarios de sobremesa, en diálogos de taxímetro y en discusiones insólitas también en algunos ámbitos diz que progresistas. Nunca la ciudad generó tanto olor a podrido como cuando tantas cabezas se pusieron a pensar la misma mierda.
Y los consultores dicen que hay que ser xenófobo para no perder votos. Dicen que Macri ganó votos con su discurso discriminador y que la presidenta Cristina los perdió cuando salió al cruce con su discurso del Día de los Derechos Humanos. 
O sea que para ganar votos hay que actuar como un reverendo patán, en tanto que una persona democrática que no odia ni discrimina por cuestión de raza, religión, ciudadanía o condición social formaría parte de una minoría subversiva en la ciudad de Buenos Aires.
La no discriminación resulta una actitud ultraizquierdista, testimonial. Ese es el verdadero problema en una ciudad donde la cultura ciudadana pareciera deslizarse por una superficie tan difusa y volátil que se dispersa con el primer soplido. 
El de Soldati discrimina al de la villa 20 y los demás porteños discriminan al de Soldati. Y en España a todos los porteños sin distinción les dicen suda-cas con menos consideración que si vinieran de la Villa 20.
Macri anunció a través de los medios que iba a regalar títulos de propiedad en las villas, como si fuera una oferta de supermercado. Si hubiera ofertado zapatos para dama hubiera provocado estampidas entre señoras de los barrios porteños. 
Pero no eran zapatos, sino tierra para viviendas, y provocó una estampida de las miles de personas que la necesitan, que fueron a su vez criticadas por muchas de aquellas señoras que se hubieran tirado de cabeza por unos zapatos baratos. 
Cosas veredes, Sancho, y nunca se agotará la capacidad de asombro. Sobre todo por la rapidez y la naturalidad con que ese discurso reactivo y tan primario e irracional conseguía instalarse con comodidad en la cabeza de miles y miles de porteños pobres o ricos, rubios y morochos. La estupidez no discrimina, no es tan estúpida.
Los medios tienen siempre su gran parte de responsabilidad, como la movilera de Radio Mitre que demostró su “valentía” al coincidir con Macri en su enojo por la “inmigración desenfrenada”. 
Agregaba de su pequeño coleto: “y de baja calidad”. No fueron comentarios de alta calidad los suyos, pero un argentino puede decir lo que se le ocurra en su país. Esto fue un gran logro de la democracia porque, antes, los iletrados ni siquiera podían votar. 
Más allá de los medios, cada quien tiene que aprender a hacerse cargo de lo que piensa. Mientras la señora boliviana se mantenga sentada en la puerta del súper es fácil hacerse el civilizado supremo y comprarle unos pimientos por dos pesos. Hasta se puede sacar una foto mientras lo hace, para mostrarles a los amigos. 
Pero si la señora sale a reclamar tierras para vivienda, tenga razón o no, se convierte en parte de “una inmigración desenfrenada” y, como dijo la piba, “de baja calidad”. 
La esencia de las personas se pone de manifiesto en situaciones límite. Los crímenes más repugnantes han sido cometidos por vecinos contra vecinos en guerras étnicas o religiosas, en Polonia contra los judíos o en Bosnia contra los musulmanes. 
Convivían en paz hasta que dejaron de hacerlo, envenenados por la excusa de la xenofobia, la seguridad, el fanatismo religioso y la discriminación.
Y en este punto, no se trata de que tengan razón o no en el reclamo o en la forma del reclamo. En cualquier caso posible la xenofobia, el fanatismo y la discriminación son ideas criminales. 
Una persona civilizada no puede asociarse al discurso primitivo de un patotero. Cuando va a agredir en esas situaciones, la patota profesional grita siempre consignas para justificar su violencia, conseguir alianzas tácitas de los que lo rodean y neutralizar posibles reacciones de sentido común: contra los zurdos, contra los maricones, contra los extranjeros, contra los chorros o contra los negros de mierda. 
En una pelea callejera, el matón profesional, que en este caso es una especie de linchador, apela siempre a las zonas oscuras de las personas que puedan estar a su alrededor. Ellos tratan de convertirse así en la personificación de la violencia que generan al convocar esos miedos y prejuicios.
El matón profesional puede creer o no en lo que dice. En principio es solamente un recurso más de la pelea. Pero, por algún mecanismo perverso, ese recurso en el que él no cree se convierte en credo para muchos de los que en ese momento lo rodean. 
Entonces el matón se convierte en portavoz de personas que supuestamente son más inteligentes y mejores que él. Se produce un fenómeno de subordinación a esa personificación de la violencia, como sucedió con Hitler en Alemania y con muchos de los porteños que encontraron sus voceros entre los barrabravas que fueron a golpear a los pobres que estaban reclamando tierras.
No resultó extraño escuchar al escritor Marcos Aguinis destacando en el programa de González Oro el ejemplo de Brasil, donde el ejército entró a sangre y fuego a las villas de emergencia. 
“Y por supuesto que hay muchos muertos inocentes –expresó–, pero así se acaba el problema.” Aguinis, que es un gran divulgador de lugares comunes, había dicho que los escolares que rodearon a la presidenta Cristina Fernández el Día de los Derechos Humanos le hacían recordar a “los jóvenes con brazaletes que le llevaban flores a Hitler”.
Pero los admiradores locales de Hitler coinciden con Aguinis y no con la presidenta Cristina Fernández. El neonazi Alejandro Biondini se apropió de la frase de Macri sobre la “inmigración descontrolada” y en una carta exigió al gobierno de Bolivia “que pida disculpas a la República Argentina” por los bolivianos de la Villa 20 que habían invadido el Parque Indoamericano.
Las formas de discriminación propias del nazismo (incluso con una idea similar de exterminio del otro, como surgía del ejemplo de las favelas en Brasil) se pueden filtrar peligrosamente a través de un conservador autoritario como Aguinis, o de un neonazi.
Pero en este caso, Biondini fue menos nazi que el escritor porque no habló de exterminios ni de muertos.
¿Qué queda en el corazón de las personas después de los hechos? Cuando llega la calma después de la pelea. Sobre todo cuando la pelea se disuelve con un criterio de racionalidad y no por la violencia. Hubo insultos, peleas y muertos. 
Todos los insultos del mismo lado y todos los muertos del otro. ¿Es posible un sentimiento de triunfo porque se terminó la ocupación del parque? En todo caso, el triunfo fue de los que aplicaron esos criterios de racionalidad, no de los histéricos ni de los furibundos, ni de los violentos.
Resulta paradójico que el camino de la negociación que permitió la solución del conflicto tenga menos consenso según los encuestadores y consejeros del macrismo que el de la violencia, que para ser justificada necesita apoyarse en ese discurso xenófobo que ensayó Mauricio Macri para encubrir su incompetencia. 
El mismo ideario que vociferaban las patotas cuando agredían a los vecinos de la Villa 20 que estaban ocupando el Parque Indoamericano.
No se trata de discutir si los que tomaron el parque tenían o no razón. Será otra discusión.
El poderoso veneno no estaba allí sino escondido en la reacción xenófoba que provocó la toma y que se extendió como un incendio por toda la ciudad. La debilidad de algunos bienpensantes, la perversa ambigüedad de los autoritarios o la flaquísima conciencia ciudadana que no termina de arraigar para rechazar el canto de sirena del discurso patotero, son el verdadero problema.
Quedó demostrado que se podía reaccionar de otra forma, pero el camino pacífico, que lleva tiempo y paciencia, que requiere inteligencia, sensibilidad y política tendría menos rating en esta ciudad supuestamente culta y moderna. 
En cambio la violencia, con su carga simbólica de castigo ejemplificador y negación y anulación del otro, se considera flamígeramente apropiada en la urbe de Macris, Aguinis y Biondinis

miércoles, enero 14, 2009

No llueve ni haciendo cortes de rutas

En un contexto de una grave sequía, mañana se anunciarían algunas iniciativas para el campo, destacándose la baja en el peso de faena, uno de los reclamos de la Mesa de Enlace. También se brindarían precisiones sobre líneas de financiamiento.
Por Sebastián Premici

Luego del reposo que tuvo que realizar por cuestiones de salud, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner volverá a la rueda de anuncios desde la Quinta de Olivos. El Gobierno daría a conocer mañana una baja en el peso de faena, que pasaría de los 280 kilos a los 260, para que los productores puedan comercializar sus cabezas de ganado antes de tiempo y evitar así algunas de las consecuencias de la sequía que está afectando diferentes zonas del país. La mandataria también daría precisiones sobre las líneas de financiamiento para la compra de maquinaria agrícola –ya anunciadas por la Secretaría de Agricultura–, que les permitirá a los productores adquirir capital de trabajo con una tasa de interés fija en pesos del 8 por ciento durante los primeros 5 años de plazo.
Ayer por la tarde, la ministra de la Producción, Débora Giorgi, y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, estuvieron en Olivos analizando los próximos anuncios para el sector agropecuario. La baja en el peso de faena (de los 280 a los 260 kilos), algo que no estaba previsto la semana pasada, fue un pedido reiterado de Confederaciones Rurales y CRA. Así lo señalaron a Página/12 desde el Ministerio de la Producción. Esta medida, lejos de representar un giro en la relación entre el Gobierno y las entidades agropecuarias nucleadas en la Mesa de Enlace, tiene que ver con la fuerte sequía que está afectando diferentes regiones del país, que impacta de lleno en las cosechas de soja, trigo, maíz y en la cría de ganado.
El gobierno de Santa Fe señaló la semana pasada que las consecuencias de la sequía comenzarán a notarse en la segunda mitad de este año, cuando se obtengan menores rindes en los diferentes cultivos. Ayer, la viceministra de Trabajo provincial, Alicia Ciciliani, reclamó al Poder Ejecutivo la eliminación por seis meses de las retenciones a todos los productos del campo “para evitar poner en riesgo al menos 16.000 puestos de trabajo”. “Hay un gravísimo problema en el norte que compromete el sistema productivo en su totalidad. Hay pérdidas de trigo, girasol, maíz y mortandad de animales”, explicó la viceministra de Trabajo, y también aseveró que los fabricantes de maquinaria agrícola tienen una “facturación cero” desde octubre del año pasado.
Por la sequía, se calcula que la cosecha de maíz será de 15,5 millones de toneladas, cuando en la campaña anterior fue de 22 millones. La trilla de trigo sería de 9 millones (para consumo interno se destinan un poco más de 6 millones). Estas previsiones impactarán también en los lineamientos de los objetivos planteados en los programas Maíz Plus y Trigo Plus (ver aparte).
Desde el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria advirtieron que éste será el otoño más seco de los últimos cien años. “En 2008, las lluvias han sido muy dispares y el rendimiento agrícola va a mermar bastante. En este sentido, no hay una tendencia que modifique la falta de lluvia”, señaló Estela Carballo, investigadora del INTA.
La Ley de Emergencia Agropecuaria prevé que cada provincia declare su situación de crisis para poder recibir la ayuda económica de la Secretaría de Agricultura. En este contexto, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa y Córdoba están reclamando fondos para paliar la situación. El gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, ya declaró la emergencia por 180 días en más de 40 distritos. Por su parte, el gobierno pampeano entregará 10 millones de pesos en subsidios a unos 2000 productores (un millón será destinado a los productores de trigo, y los 9 restantes a productores dedicados a la cría bovina).
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