En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.
fragmento: declaración de principios de ALIA*

miércoles, marzo 25, 2020

#ElDiarioDeHoy : #LaPampa. NUNCA MÁS

La columna de #BlancaChaler
*Leer, escuchar, analizar, compartir, debatir, ESA ES LA TAREA*  
Un texto de #JuanCarlosPumilla en la voz de #QuiquePesoa. Fotografía de  #JuliánVarela. 2020 ,marzo Tiempo de #CoronaVirus para campaña virtual por la memoria impulsada por el #MPDH

@notiALIA

martes, marzo 24, 2020

Recital (completo) de Los Olimareños

*radioALIA TE ACOMPAÑA @notiALIA

#ElDiarioDeHoy : #Coronavirus

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#ElDiarioDeHoy : "La pandemia se está acelerando": La ОМS reporta más de 300.000 casos de coronavirus en casi todos los países del mundo
Publicado: 23 mar 2020 16:10 GMT
El director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advierte que el número de contagios experimenta un crecimiento exponencial.
El nuevo coronavirus se ha propagado a casi todos los países del mundo, y la pandemia se está impulsando, ha afirmado el director de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus. Mientras tanto, el número de infectados en el mundo ha excedido los 360.000, y ya hay más de 15.000 fallecidos.

"La pandemia se está acelerando. Le tomó 67 días desde el primer caso reportado hasta alcanzar 100.000; 11 días para los segundos 100.000 casos y tan solo 4 días para los terceros 100.000", señaló Ghebreyesus en una rueda de prensa en la sede de Ginebra (Suiza).

La crisis del coronavirus en Europa podría durar hasta 2 años, según experto chino
La crisis del coronavirus en Europa podría durar hasta 2 años, según experto chino
El director anunció su intención de pedir al Grupo de los 20 países más industrializados que se impulse la producción de equipos de protección personal para los médicos, y que se eviten restricciones de exportación para este tipo de productos.

"Hace falta unidad entre los países miembros del G20, que representan más del 80 % del PIB global. Si no priorizamos proteger a los trabajadores sanitarios, mucha gente morirá, porque el trabajador sanitario que habría salvado sus vidas estará enfermo", explicó.

La OMS afirmó el pasado viernes que la pandemia podría paralizar los sistemas de salud a lo largo del mundo en tan solo unas semanas. Se estima que más de 26 millones de empleados sanitarios podría verse involucrados en el tratamiento de pacientes con covid-19.

lunes, marzo 16, 2020

#ElDiarioDeHoy : #Argentina

Esta es la CUENTA OFICIAL rectora. Aquí se cargan los informes diarios del gobierno, las decisiones oficiales y los mensajes certeros para lxs cuidadanxs. 

POR FAVOR DIFUNDIR para que se convierta en la fuente de información que todxs consulten. 
Julián Varela

#ElDiarioDeHoy : #Argentina

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sábado, marzo 14, 2020

#ElDiarioDeHoy Verbitsky y equipo sobre el Coronavirus

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#ElDiarioDeHoy : No vuelven más...¡De acá!

“Tenemos destino de boomerang,
porque como los novios, los asesinos
y los cobradores, volvemos siempre”
Enrique Santos Discépolo

Cuando murió Evita, cuando en 1955 la Fusiladora desterró a Juan Perón (ante la imposibilidad política de matarlo), cuando en 1974 murió el General y tantas tantas otras veces, los creativos del antiperonismo apelaron a una frase tan remanida como poco feliz: “Muerto el perro, se acabó la rabia”. Quizá por eso, en el regreso de la democracia, algunos jóvenes intelectuales de aquel momento, tuvieron la brillante idea de una pintada que rezaba: “Somos la rabia”. En respuesta a tantas muertes anunciadas pero, también, haciendo un guiño sobre su adhesión a la protesta de estudiantes parisinos de 1968 y las consignas de aquel Mayo Francés. Un error de juventud, seguramente. El país salía del momento más oscuro de la historia nacional y la juventud peronista advertía a los argentinos que éramos la rabia. Un horror.

Sin embargo, y a pesar de los errores cometidos, el peronismo ha demostrado tener en forma el músculo de la supervivencia. El peronismo o, mejor dicho, todos los peronismos que lo constituyen. 

“Yo te daré…” 


A punto de cumplir sus primeros 75 añitos, el peronismo muestra tener más vidas que un gato (perdón por la referencia, señor EX – Presidente). No había nacido aún y los medios de comunicación de la época y los sectores que éstos expresaban anunciaban la rápida desaparición de aquel fenómeno que pintaría de manera tan reveladora el historiador Félix Luna en su libro “El 45”: “… ese día, cuando empezaron a estallar voces y a desfilar las columnas de rostros anónimos color tierra, sentíamos vacilar algo que hasta entonces había sido inconmovible. Y nos preguntamos, apenas por un instante, si no tendrían razón ellos, los extraños, los que pasaban y pasaban y seguían pasando, sin siquiera mirarnos, coreando sus estribillos y sus cantos, lanzando como una explosión el rotundo nombre de aquel hombre. Sin embargo, no alcanzamos a dudar. Simplemente pensamos que era una lástima tanta gente buena defendiendo una mala causa”. 

Felix Luna, en 1968, 23 años después de aquel 17 de octubre determinante para la historia argentina, aún no podía dar crédito de lo que sus ojos de estudiante y militante radical vieron en esa jornada fundacional. Es más, escribía “aquel hombre”, como si en su espíritu estuviese incorporado el sueño húmedo de la Revolución Libertadora: “si no nombramos más a Perón, desaparece”. Incluso después de haber escuchado a la muchedumbre cantando “Yo te daré, te daré niña hermosa, te daré una cosa, una cosa que empieza con P… PERÓN”.

La visión retrospectiva de este historiador se parece, en mucho, a los titulares de los diarios de la época que lo reflejaban. Crítica, de Natalio Botana, el mismo medio que el 16 de octubre había señalado a Perón como “mito fascista” reseñaba: "Grupos aislados que no representan al auténtico proletariado argentino tratan de intimidar a la población". La Nación, por su parte, reflejaba “el insólito y vergonzoso espectáculo de los grupos que se adueñaron durante un día de la Plaza de Mayo" y La Razón tituló que “Diversos grupos de Avellaneda organizaron una manifestación que recorrió las calles de la ciudad”. Todo ligado a una expresión del entonces presidente Edelmiro Farrell quien, pocas horas antes, había dicho: “Perón ya no constituye un peligro para el país”. Antes del alumbramiento del Peronismo, Farrell ya lo daba por muerto. 

“Volveré y seré millones” 


Otro hito de la gorilidad bramante fueron los días de la enfermedad y muerte de Evita. Si bien los diarios de entonces no podían soslayarse con el mal, las paredes de Buenos Aires lo festejaban a los gritos: Viva el Cáncer fue, entonces, algo más que una celebración. Los detractores de la abanderada de los humildes hablaban de “bonapartismo en faldas” y hubo hasta quien la definió a como una “artista de radioteatro y cine poco cotizada y muy de segundo plano” que surgía a la vida política como producto de “las necesidades, ansiedades y fantasías de la gente pobre”. Eduardo Galeano, alguna vez, ensayó una explicación para el fenómeno Eva Perón. Dijo: “La odiaban los biencomidos: por pobre, por mujer, por insolente. Ella los desafiaba  hablando y los ofendía viviendo. Nacida para sirvienta (…) Evita se había salido de su lugar”.

Como se dijo antes, los diarios no reflejaron sus verdaderos sentimientos sobre esta muerte. Clarín tituló “Ha muerto la señora Eva Perón” y La Nación, en página interior, “Ha fallecido la esposa del Jefe del Estado”. Sobrios. Distantes. Muy alejados de la emoción y la congoja que producía esta muerte en el pueblo. Claro que no todo fue juiciosa medianía. El diario Democracia, por ejemplo, fundado en 1945, rezaba “Llora el Pueblo su más grande dolor” y abajo, con tipografía para catástrofes, escribía: “EVITA”. Otro tanto hacía Noticias Gráficas, en cuya portada se leía: “Luto y Pesadumbre en la Tierra que Ella redimió”. 
Pero así como las paredes reflejaban el odio y el resentimiento del antiperonismo por Esa Mujer, los corrillos gorilas empezaban a cuchichear que, muerta Evita, Perón no podría mantener su poder sobre los trabajadores. Por primera vez, de boca en boca y como un reguero de pólvora, corría el “Muerta la Perra (1) se acabó la rabia”… Sobra decir que, a la luz de lo que es hoy el peronismo y, sobre todo la figura de Eva, se equivocaron fiero.

“Se prohíbe nombrar”


La Revolución Fusiladora, luego de derrocar a Perón, decidió hacer desaparecer todo vestigio de peronismo apostando a que, de esta manera y con el tiempo, el Pueblo iba a olvidar al líder y a su esposa. Acaso porque su poeta mayor, Jorge Luis Borges, decía que “en las letras de 'rosa' está la rosa”.

El 5 de marzo de 1956 se publicaba el famoso Decreto Ley 4161 a través del cual se prohibía “la utilización de la fotografía retrato o escultura de los funcionarios peronistas o sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto el de sus parientes, las expresiones «peronismo», «peronista», «justicialismo», «justicialista», «tercera posición», la abreviatura PP, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las composiciones musicales «Marcha de los Muchachos Peronista» y «Evita Capitana» o fragmentos de las mismas, y los discursos del presidente depuesto o su esposa o fragmentos de los mismos”. Intentaban, de esta manera, firmar el certificado de defunción del peronismo. 

La respuesta fue la Resistencia. Millones de hombres y mujeres comenzaron a trabajar silenciosamente, casi en la clandestinidad, contra el régimen golpista y con el objetivo de repatriar a Perón desde el exilio. La Generación del Luche y Vuelve. La utilización de la flor de Nomeolvides prendida en la solapa como código íntimo de pertenencia. La militancia circulando en secreto cartas y mensajes del General desde Puerta de Hierro. Movilización. Reuniones. Vida… “Creen que me matan, yo creo que se suicidan”, escribió, alguna vez, Antonio Porchia.

“Murió”


Perón volvió. Básicamente porque el peronismo nunca se había ido. Nunca habían podido desterrarlo del corazón del Pueblo. El General volvió, y volvió para ser Presidente. Con el 62% de los votos (lo destaco más para marcar la base opositora… el número que, por derecha o por izquierda, junta el antiperonismo). Apenas por un rato. Como un sueño. Una de esas alegrías tan intensas que no pueden durar mucho porque se parecen demasiado a la felicidad. 
El 1 de julio de 1974, murió el Líder. Desde la tapa de Noticias, un diario de la tendencia que dirigía Miguel Bonasso, se resumía en una palabra el sentimiento de un pueblo. Decía: “Dolor”. La crónica la firmaba Rodolfo Walsh. La contracara de eso fue, como casi siempre, La Nación, que en su tapa tituló “Juan D. Perón dejó de existir ayer; asumió la Vicepresidenta”. El diario Crónica, por su parte, desplegaba lo que, a juicio de muchos periodistas, ha sido uno de los mejores títulos de la historia de la prensa argentina. En cuerpo de letra catástrofe rezaba: “Murió”. Y Clarín, un Clarín aun equilibrista, planteaba “Inmenso dolor popular por la muerte de Perón”. Le dolía al pueblo… no a Clarín ni a los argentinos.

Nadie se atrevió en aquel momento al festejo, ni a la burla ni a la crítica abierta. Pero, tal y como recuerda el periodista Rubén Luis Castejón: “Cuando Perón falleció, el antiperonismo eligió -paradójicamente- un refrán ya existente para expresar su alegría <> dijeron  de espaldas al dolor popular”. La historia volvía a repetir palabras de las cuales siempre siempre, terminan arrepintiéndose.

“Estoy persuadido”


A pesar de esa afirmación descerrajada por un general trasnochado sobre el fin de “la rabia” (léase el peronismo), los militares no estaban tan seguros y jaquearon al gobierno de Isabel Perón hasta dar un nuevo golpe de Estado. El más cruento de nuestra historia. El más sangriento. Convencidos de que no alcanzaba con un decreto que prohibiese el peronismo, decidieron aniquilarlo. El terrorismo de Estado hincó fuerte su diente bestial entre nuestros jóvenes. Nuestros, porque fueron peronistas la mayoría de los muertos y detenidos desaparecidos, a pesar de que, en apariencia, también había otros enemigos de otras coloraturas políticas.

En 1983, en la recuperación democrática, el triunfo del alfonsinismo en las urnas trajo nuevos aires de “victoria” a los sectores más gorilas de la sociedad: había perdido el peronismo… los militares había hecho algo bien. Es más, Alfonsín estaba “persuadido” de que una parte del voto peronista había sido para Renovación y Cambio y lo decía entre sus íntimos. 

La alegría duró poco: también aquel radicalismo tenía veleidades populistas y pretendía producir el Tercer Movimiento Histórico. Los poderes fácticos no iban a dejar pasar semejante desafío así como no iban a permitir que el juicio a las Juntas pudiese extenderse más allá de tres o cuatro cabezas condenadas de antemano. 

La rebelión Carapintada, el Plan Primavera y el ataque al regimiento de La Tablada, la pelea con Clarín, el abucheo en la Rural y la derrota del radicalismo en la Provincia de Buenos Aires  fueron apenas preludios del inevitable regreso del peronismo al poder.

“Síganme”


Campechano. Simpático. Seductor. Hábil. Una verdadera bestia política del futuro, disfrazada de caudillo del siglo XIX, apareció en el cenit del neo-peronismo justo el día después de que Antonio Cafiero le ganara la gobernación a Juan Manuel Casella. Carlos Menem empapeló Capital y Conurbano con un afiche que rezaba: “Ahora, Menem” y desató la batalla hacia adentro del partido justicialista. Una pelea íntima, intensa, que se sintetizó en el viejo apotegma: “los peronistas somos como los gatos, cuando parece que nos estamos peleando, nos estamos reproduciendo”. 

Menem ganó la interna (Cafiero lo acompañó porque, por aquel entonces, “el que gana gobierna y el que pierde acompaña”) y el riojano compitió en las elecciones contra Eduardo Angeloz (gobernador cordobés hasta ese momento). Le ganó, lo obligó a perderse el lápiz rojo y Alfonsín tuvo que adelantar seis meses la entrega del poder porque se había instalado por esos días que “los únicos que pueden gobernar la Argentina son los peronistas”. 

Durante los siguientes 10 años y seis meses, exactamente hasta el 10 de diciembre de 1999, el peronismo estuvo allí. A la manera, claro, de aquel peronismo que se parecía -pero no- a su peor enemigo, o sea la oligarquía. Justicialismo new age que, bajo el paraguas de la globalización, entregaba la economía del país al mundo; que alquilaba técnicos foráneos como Domingo Felipe Cavallo y Roque Fernández; que tenía relaciones carnales con los Estados Unidos y les mandaba ositos Winnie Pooh a los kelpers malvinenses… Y, sin embargo, era violentamente resistido por la derecha vernácula. El profesor Mariano Grondona operaba de lenguaraz de aquella furia pertinaz: “Acuerdo con casi todas las políticas pero reniego de sea un peronista quien las lleva a cabo”. Seguíamos vivos, en el rencor y a pesar de todo. 

“Dejar las convicciones”


La derrota de Eduardo Duhalde a manos de Fernando de la Rúa volvió a poner una bocanada de esperanza a las calenturientas mentes del antiperonismo estructural. Porque ese radicalismo, a diferencia del de 1983, respondía a los designios y los deseos del neoliberalismo global. La bocanada fue, en realidad, un suspiro. A los pocos días de cumplir dos años de mandato y en un clima caótico tanto en lo económico como en lo político y social (el neoliberalismo nunca falla en producir ese tipo de crisis) De la Rúa huía en un helicóptero desde el techo de la Casa Rosada y el peronismo, en distintas versiones, volvía a instalarse en el poder. Tres dirigentes peronistas ocuparon la presidencia de la Nación en menos de dos semanas (Ramón Puerta, Adolfo Rodríguez Sáa y Eduardo Caamaño)  hasta que Duhalde, vía Asamblea Constituyente, logró ser el nuevo presidente. Y, otra vez, “Perón al Poder”.

Duhalde cumplió lo prometido: en 2 años llamó a elecciones y entregó el poder. Durate la campaña electoral de 2003, se posicionaron Carlos Menem y Ricardo López Murphy quienes apuntaban a llegar a competir en ballotage. Una hábil jugada plasmada a través de un par de encuestadores, despertó al pueblo ante la posibilidad de que las dos opciones presidenciales terminaran siendo de derecha y así, casi como un designio de la Historia, Néstor Kirchner alcanzó el segundo lugar con alrededor del 22 % de los votos. Menem advirtió que un porcentaje importante de la sociedad iba a votar en su contra y anunció que se retiraba de la competencia. De esta manera, el hasta entonces gobernador peronista de Santa Cruz (que había comenzado su instalación para competir en 2007), devino presidente de los todos Argentinos y dio inicio a los 12 años más peronistas de la historia de nuestro país luego de los gobiernos del propio Juan Perón. 

En su discurso de asunción, habló de esas “convicciones no pienso dejar en la puerta de entrada de la Casa Rosada”. Veinte días antes, el subdirector de La Nación, Claudio Escribano, en un desayuno que compartieron junto a Alberto Fernández, le había deslizado una especie de pliego de condiciones para su gobierno advirtiéndole que las siguiera “si no quería durar sólo un año como presidente”. Otra vez, la oligarquía, preanunciaba el fin del peronismo. Y otra vez contestábamos.

“Piquetes de la abundancia”


Néstor no sólo gobernó los cuatro años del período presidencia en contra de los deseos de sus apretadores mediáticos: ordenó la economía, le pagó al Fondo Monetario Internacional, renegoció la deuda externa con una quita del 66%, creó empleo, bajó los planes sociales, estabilizó la moneda y, en 2007, se dio el lujo de colocarle la banda presidencial a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner. 

Demasiado. Too Much para una clase dominante que vio volver al peronismo con todo su esplendor y con toda su carga doctrinaria. Nuevamente La Nación -esta vez a través de un consultor apodado “Chendo”, reconocido por su inveterada relación con las Fuerzas Armadas-, volvió con un pliego de condiciones para alcanzar un gobierno exitoso… sin éxito. “Nos dicen kirchneristas para bajarnos el precio”, había sentenciado Néstor. “Yo no soy progre, soy peronista”, reafirmaba Cristina. Y como para que no hubiera dudas, la 125: una resolución que cambiaba la fórmula de determinación aplicable a las posiciones arancelarias de cereales y oleaginosas. Esa mala costumbre del peronismo de sacarle a los ricos para darle a los pobres.

Y entonces, asonada… perdón: tractorazo. El Campo, la representación corpórea de la oligarquía ganadera en estos arrabales de América del Sur, salió a las rutas a cortar la circulación, a derramar miles de litros de leche en las banquinas, a patearle el vehículo a todo el que le criticaba la actitud (a mi me pasó a la entrada de Gualeguay). Cacerolazos en Recoleta; voto no positivo del vicepresidente Julio Cleto Cobos (que regresó a su provincia en una especie de caravana de la victoria, creyéndose San Martín) y vuelta olímpica de la Derecha dando por muerto, una vez más, al peronismo. La tapa de La Nación del 18 de julio de 2008 titulaba “El Día más Triste y Atribulado del Kirchnerismo” y la de Clarín, “Cristina habló de una Traición del peronismo”. Pero los dos diarios remarcaron que Cobos no pensaba renunciar y que el vicepresidente había viajado “a Mendoza en auto y lo pararon en varios pueblos”. 

Pero lo más notable vino de la pluma de Joaquín Morales Solá que el 28 de diciembre de ese mismo año escribió una columna titulada “El Kirchnerismo como ciclo político está terminado”, idea que creyeron ver cristalizada cuando Néstor Kirchner perdió las elecciones intermedias en la provincia de Buenos Aires. “Con esta elección terminó el ciclo potente y prepotente del Kirchnerismo”, le dijo Mauricio Macri a Clarín el 30 de junio de 2009. Empresarios y paisanos se restregaban las manos como muestra de alegría pero se les vino encima la Ley de Medios, luego una marcada recuperación de la popularidad de Cristina y el 54% de los votos en las elecciones de 2011, cuando la Presidenta fue reelecta. 

En el medio del proceso de recuperación, la muerte de Néstor fue motivo de una nueva alegría por parte de los poderes concentrados. “Sola no va a Poder”, volvió a la carga Rosendo Fraga desde La Nación, con el cadáver del ex presidente aún caliente. Y muchos analistas creyeron ver en esa pérdida, a todas luces irreparable, el inicio de un camino que llevaba a una Cristina débil y desolada, a rendirse ante la oposición. Las elecciones del 23 de octubre les mostrarían una realidad absolutamente diferente: 11.863.054 votos, el mayor porcentaje desde el regreso de la democracia. Y eso que una semana antes algunas consultoras decían que no iba a alcanzar los 40 puntos necesarios para evitar una segunda vuelta y hasta hablaban de empate técnico. Otra vez, el peronismo daba claras señales de sobrevida a los augures de su desaparición. 

“Volvimos mejores”


La derrota de Daniel Scioli frente a Mauricio Macri en 2015 constituyó una nueva esperanza de realización de la fantasía erótica del antiperonismo y produjo la consumación de la frase: “No Vuelven Más”. Se instaló la noche del triunfo, en el bunker macrista (nunca mejor aplicada la palabra bunker) y de allí se disparó como consigna. 

Mirtha Legrand lo afirmó convencida en uno de sus almuerzos. Explicó que ella decía eso porque “estudio, leo, miro, observo, pienso, deduzco…” mientas negaba sistemáticamente con la cabeza. Pamela David, por su parte, en un reportaje concedido a Luis Novaresio, manifestó: “no vuelve, tenemos un límite” y el conductor Baby Etchecopar se regodeó: “No vuelven más, son minoría… aunque llenen la Plaza de Mayo”. Otro que boqueó fue el inefable Alejandro Fantino, un verdadero animal suelto. En diálogo con Jorge Asís lo chicaneó: “murió el peronismo”, y advirtió “no vuelven más, porque Mauricio repite en 2019 y en 2023 pone a Vidal” además de asegurar que “Marquitos Peña ganando elecciones es bueno, es el Cholo Simeone de las elecciones, no perdió una”… Se te nota el sobre, dijeron por ahí.

Ellos y otra caterva de energúmenos con el erpio contrito de Alfredo Leuco, su hijito, Luis Majul, Eduardo Feinnman & compañía, sin olvidar las Tres M (Mauricio, Maiu y Marquitos) que fueron los verdaderos voceros de aquel diagnóstico que sirvió a las huestes cambiemitas tanto para abrir como para cerrar una polémica. Sobradores a veces, crispados las más, gritaban: “No vuelven más… No vuelven más”.

Y cuando ya se creían, hubo gambito de dama y una vez más, pericia y política mediante, alumbró peronismo en el futuro. Primero arrasando en las PASO y luego (y a pesar del esfuerzo denodado del tout derechoso, FMI y EEUU incluidos), con 48% de los votos (8 puntos de ventaja) lo que evitó ballotage y dudas.  

La noche del festejo por la victoria de la fórmula Fernández-Fernández, un Alberto exultante pero conciliador, como es su característica, dijo: “Hace cuatro años venimos escuchando que dicen *No Vuelven Más*, pero una noche volvimos y vamos a ser mejores". 

¿Mejores… que quién? es la pregunta que hoy agita el debate interno del Peronismo. 

Para las compañeras y los compañeros, ensayo una primer respuesta: Mejores que Ellos.

[1] La Perra era uno de los apelativos despectivos con los que se nombraba a Evita
Foto: https://perio.unlp.edu.ar/
Fuente: Liliana López Foresi

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viernes, enero 17, 2020

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#ElDiarioDeHoy: EL SISTEMA NACIONAL INTEGRADO DE SALUD, HACIA UNA REVALORIZACIÓN

Red Científica Iberoamericana
V Ierace
Director Ejecutivo del Ente Descentralizado Hospital Interzonal Región Sanitaria VI, Ministerio de Salud Provincia de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina
Buenos Aires, Argentina (SIIC)

La disparidad entre potencialidades y resultados del sistema argentino de salud puede atribuirse al alto grado de segmentación y fragmentación, entendiendo como segmentación la coexistencia de diversos subsistemas responsables de la protección y atención de diferentes grupos poblacionales, y por fragmentación a la deficiencia de coordinación entre los distintos subsectores y niveles de atención.

El Sistema de Salud de la República Argentina muestra un grado de desarrollo elevado respecto a otros países de América Latina, aunque considerando que presenta además un nivel de gasto en salud considerablemente mayor que muchos de ellos, esta supremacía no se ve totalmente reflejada en los resultados sanitario nacionales.

Esta disparidad entre potencialidades y resultados puede atribuirse al alto grado de segmentación y fragmentación de nuestro sistema sanitario, entendiendo como segmentación la coexistencia de diversos subsistemas responsables de la protección y atención de diferentes grupos poblacionales, y por fragmentación a la deficiencia de coordinación entre los distintos subsectores y niveles de atención.1
Esta situación, que existe a lo largo de amplios períodos de la vida nacional, tuvo sin embargo una excepción en la política sanitaria implementada durante los primeros gobiernos del peronismo, por el ministro Ramón Carrillo, la cual estuvo caracterizada por un fuerte papel del estado nacional, una firme centralización normativa y un importante desarrollo de la capacidad instalada del sistema público de salud. En ese período se lograron niveles de integración, equidad y coberturas inéditos en nuestra historia sanitaria.
El tránsito de un sistema universalista y centralista a un modelo de alta segmentación y fragmentación estuvo determinado por las diversas coyunturas políticas, las correlaciones de fuerza inestables de los actores involucrados y, como un factor omnipresente, las rupturas institucionales reiteradas, con el consiguiente impacto en la continuidad de las políticas estatales.2
Sin embargo, hubo intentos de revertir esta situación con propuestas que, cristalizadas en sendas leyes, sólo fueron instrumentadas de manera parcial, por lo cual no lograron imprimir al sistema de salud la impronta a la que aspiraron sus impulsores.

En este sentido, Belmartino identifica a la ley del Seguro Nacional de Salud, sancionada en 1987, como un intento de constituir un sistema que, conservando el principio de solidaridad grupal propio de las Obras Sociales, incorporaba a los sectores de menores recursos dependientes del subsector público, con una tendencia a la cobertura universal y la igualdad de acceso para toda la población.

Asimismo, puede rescatarse la propuesta de conformación de un servicio tomando como modelo el Servicio Nacional de Salud británico, con la propuesta de un sistema único regionalizado, con servicios organizados por niveles de complejidad, con población a cargo, cobertura universal y financiamiento estatal.3
El Sistema Nacional Integrado de Salud (SNIS), plasmado en un marco legal sancionado legislativamente (Leyes 20748 y 20749), fue implementado desde 1974 hasta 1978, año en que fue derogado por la dictadura militar, en cuatro provincias argentinas. Por sus aportes conceptuales, algunos precursores para la época y la profundidad del cambio estructural que propone merece ser rescatado y revisado a la luz de los problemas sanitarios persistentes de nuestro país.

Características del proyecto

Una ley representa las aspiraciones de una sociedad en un momento dado sobre cómo resolver un problema determinado. Es un modelo para el futuro mediante el cual se pretende generar un marco normativo que sirva de plataforma de cambio para la superación de una realidad que se considera negativa.

Las leyes por sí mismas, por el mero hecho de ser sancionadas y entrar en vigencia, no resuelven siempre las situaciones para las que han sido dictadas, pero posibilitan que esa situación sea abordada.

El caso de la ley 20748 del Sistema Nacional Integrado de Salud representa las aspiraciones de la sociedad argentina de los años setenta, que coincidente con los anhelos de los sectores mayoritarios de la sociedad de construir una sociedad centrada en la justicia social en un país sin lazos de dependencia con los poderes dominantes del momento histórico que transcurría.

Es por esto que una de las primeras acciones encaradas por el gobierno del general Perón, que asumió el 12 de octubre de 1973, fue comenzar a sumar consensos, especialmente con la principal fuerza opositora, el radicalismo, para posibilitar la elaboración y la sanción de una ley que abordara la solución de la realidad sanitaria del país.

El proyecto que fue elaborado por el secretario de Salud Pública del gobierno justicialista, Dr. Domingo Liotta, con la colaboración de sanitaristas de otras tendencias políticas, entre los que se destacaban Aldo Neri, Carlos Canitrot y Mario Testa,4 sufrió modificaciones, especialmente por las presiones del sector sindical, y fue sancionado en septiembre de 1974 como leyes 20748 de creación del Sistema Nacional Integrado de Salud y 20749 de Carrera Sanitaria Nacional.

La intensidad y la conflictividad de los hechos vividos durante el período transcurrido entre 1973 y 1976, a la vez que condicionó y dificultó tanto la sanción como la posterior implementación de ambas leyes, ha eclipsado la memoria de este proceso que, aunque limitado en su concreción, introduce aspectos conceptuales novedosos respecto de la organización sanitaria del país, planteando la creación de un sistema nacional con fuerte papel del estado y con cobertura universal, que integra progresivamente a los otros subsectores en un importante esfuerzo por superar las deficiencias que el sistema sanitario presentaba en la primera mitad de la década de 1970.

La salud como derecho y el papel del Estado

La Ley 20748, en su artículo 1º expresa que se declara “a la salud derecho básico de todos los habitantes de la República Argentina” y que “a tales efectos el Estado Nacional asume la responsabilidad de efectivizar este derecho, sin ningún tipo de discriminación”; es decir, remedia una lamentable omisión del texto constitucional vigente en ese momento (la Constitución de 1853) que no incluía al derecho a la salud entre los resguardados por la carta magna.

La salud como derecho constitucional tiene varias menciones en la Constitución de 1949, tanto en lo referente a la salud del trabajador como al derecho de las familias. El gobierno de facto de 1955 deroga por decreto el texto constitucional y la reforma realizada por la Convención Constituyente de 1957 no incluye el derecho a la salud en su texto.

La ley, además, compromete al Estado a fijar “como meta a partir del principio de solidaridad nacional su responsabilidad como financiador y garante económico en la dirección de un sistema que será único e igualitario para todos los argentinos”.

Es decir que no sólo instituye la responsabilidad final del Estado como garante del derecho a la salud, sino que además la establece en lo referente a la dirección y financiación de un sistema destinado a cubrir a todos las personas de manera igualitaria, sin discriminación alguna.

Recupera además ideas básicas del peronismo como la de incorporar la planificación de la salud dentro de los “grandes lineamientos” de la política nacional, definiendo como herramienta metodológica el principio de la normalización centralizada con ejecución descentralizada, propiciando la cogestión con las entidades representativas del sector dentro del marco de la Comunidad Organizada.5

Creación del Sistema Nacional Integrado de Salud

El Título II se refiere a la creación del Sistema Nacional Integrado de Salud, la cual se establece en el artículo 2º.

De los objetivos planteados en este artículo se desprende que la ley plantea un estado omnipresente en salud, que no sólo se hace responsable de la asistencia de las personas, sino que delinea otra serie de funciones que incluyen aspectos fundamentales para la salud de la población como el control y la vigilancia de la producción, la comercialización y el consumo de insumos necesarios para la práctica de las acciones sanitarias, tales como las tecnologías necesarias, estimulando el desarrollo de la industria nacional del equipamiento sanitario.

Si bien la ley establece la incorporación de los otros subsectores de manera voluntaria, este fuerte papel del Estado se convierte en la principal herramienta de superación del alto grado de segmentación del sistema de salud, lo que posibilita iniciar un camino, seguramente arduo, hacia el objetivo de un modelo universalista.

Otro aspecto que se destaca es el relacionado con la acción reguladora del estado referida no sólo a los aspectos estructurales, sino también a las acciones de salud.

La formación de los recursos humanos para el sector y el estímulo a la investigación son otros objetivos taxativamente expresados en el texto legal.

Es importante subrayar que estos objetivos están planteados desde una concepción de la salud que incluye los aspectos biológicos y psicológicos, propiciando acciones que incluyan, además de las asistenciales, las de promoción, protección y rehabilitación y aquellas relacionadas con el medio ambiente.

El Titulo IV trata sobre la incorporación de las distintas jurisdicciones, la cual es detallada en el artículo 4º, el que expresa que las provincias, las universidades y el subsector privado se podrán incorporar mediante la firma de convenios.

Respecto de las Obras Sociales, establece que éstas quedan exceptuadas hasta que decidan su incorporación voluntaria.

El proyecto original establecía la integración de manera obligatoria de todos los efectores dentro del Sistema de Salud. La oposición cerrada del sindicalismo organizado determinó que en el proyecto definitivo la incorporación quedara librada a la voluntad de los interesados.6
El artículo 36 expresa que “las obras sociales mencionadas en este artículo podrán incorporarse, a solicitud de las mismas, total o parcialmente al Sistema Nacional Integrado de Salud, mediante convenios especiales en forma similar a lo previsto en el art. 4º”.
Posteriormente agrega que “las obras sociales no adheridas al sistema deberán, en todos los casos, dentro del área programática, coordinar su planificación y acciones de salud con el sistema nacional integrado de salud, a través de sus organismos competentes”. En el artículo 37 dispone que “en caso de emergencia sanitaria nacional, provincial o regional declarada por decreto del Poder Ejecutivo Nacional, los establecimientos y servicios asistenciales de las obras sociales están, mientras dure la emergencia, afectados y subordinados a la administración federal del sistema nacional integrado de salud y deberán dar cumplimiento a las directivas que al efecto les imparta la autoridad sanitaria nacional”.

Plantea una estrategia de consenso gradual, en consonancia con la relación de fuerzas existente en el momento, especialmente en el sector sindical.

Respecto de las provincias, manifiesta respeto por las autonomías y realidades locales, lo que se expresa en la modalidad de adhesión mediante convenios voluntarios y en la designación de los consejeros provinciales en la que asigna un papel protagónico a las legislaturas y al ejecutivo provinciales.

Estructura administrativa

La organización del sistema creado por la ley está detallada en el Título V, que trata sobre la administración del SNIS.

En el Artículo 5º se crea la Administración Federal del Sistema Nacional Integrado de Salud, compuesta por los siguientes órganos:
A nivel nacional: a) el Consejo Federal; b) el secretario ejecutivo nacional y c) el cuerpo consultivo del secretario ejecutivo nacional.

A nivel provincial: d) los Consejos Provinciales, con composición similar al Consejo Federal.
A nivel local-regional: e) Los consejos de las áreas programáticas.

Las funciones ejecutivas serán desempeñadas en los tres niveles por:
A nivel nacional, el Secretario Ejecutivo Nacional será el secretario de Estado de Salud Pública, que estará acompañado por un cuerpo consultivo del secretario ejecutivo nacional.

A nivel provincial, por los secretarios ejecutivos provinciales.

A nivel local-regional, por los directores de las áreas programáticas.

De acuerdo con Katz, “el Consejo Federal era la pieza clave en el diseño de la política de prestaciones de salud y de su control de gestión. Fue pensado como un gran y poderoso ente institucional, constituido por el Ministro de Bienestar Social –que lo presidía-, los Secretarios de Estado del Ministerio de Bienestar Social de la Nación, un representante de cada Jurisdicción Provincial, un representante del Ministerio de Defensa, un representante de las Universidades Nacionales, seis representantes de la CGT, dos de la CGE, tres representantes del personal profesional de la salud –de los cuales uno por lo menos debía ser médico- designados a propuesta de las entidades gremiales mayoritarias en el orden nacional con personería gremial, y un representante de las entidades privadas adheridas al sistema”.7
Además, establece en cada nivel jurisdiccional una instancia participativa novedosa para la organización sanitaria existente en esa época que posibilita la participación de múltiples actores en cada instancia.

Las áreas programáticas

Son las unidades de organización sanitaria de la ley. “Deberán satisfacer las necesidades de salud de una población geográficamente delimitada por circunstancias demográficas técnico-sanitarias, a través de un proceso unificado de programación y conducción de todos los recursos de salud disponibles para la atención de la población que la compone” (Artículo 19).

Este artículo, de particular importancia en el esquema organizativo de la ley, representa una importante apuesta a un sistema que, cuatro años antes de Alma Ata, define una organización territorial que podría emparentarse con la idea de Distrito Sanitario o Sistema Local de Salud, que fueron desarrolladas años más tarde. También pueden rastrearse huellas de las primeras concepciones de Carrillo, especialmente los conceptos de regionalización expresados en el Plan Sintético de Salud Pública 1952-1958.8
El Área Programática es el espacio de integración que permite lograr la articulación necesaria entre los subsectores y los distintos niveles del sistema de salud, posibilitando superar la fragmentación existente.

La dirección del Área Programática será ejercida por un director, asesorado por un Consejo integrado por representantes de los municipios que la componen, por los directores de los establecimientos de mayor complejidad, representantes del personal profesional y no profesional de la salud, designados a propuesta de las entidades gremiales representativas con personería gremial, representantes de las asociaciones de trabajadores que tengan obras sociales y relación territorial con el área y de las asociaciones civiles representativas.

La conducción del Área Programática se constituye en un espacio de integración entre las distintas jurisdicciones y entre los diferentes niveles de atención. Pero, además, y como aspecto sustancial, posibilita la participación de los trabajadores (no sólo los médicos) del sector salud y otros representantes de gremios que tuvieran obras sociales en el área y representantes de la comunidad, hechos todos estos profundamente innovadores para el momento histórico.

Otro aspecto relevante es que los hospitales, si bien forman parte del Área Programática, no se constituyen en el centro del sistema y sus directivos participan en el Consejo de Área Programática, junto con otros actores como los municipios, los trabajadores y las organizaciones de la comunidad.

La financiación

Establece una financiación integrada por: a) los aportes fijados por el presupuesto anual de gastos de la Nación; b) la cuenta especial fondo financiero sanitario nacional de carácter acumulativo, que se crea por este artículo, el cual estará integrado por el aporte de las provincias que ingresaren a este sistema; c) las contribuciones del sector privado adherido.

Para los años posteriores se incorporarán al presupuesto general las partidas que sean necesarias para el cumplimiento de la presente ley, que nunca serán inferiores al 5.1% del cálculo de recursos del presupuesto general.
Las contribuciones anuales de las provincias, de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires y del Territorio Nacional de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sud al adherirse al sistema nacional integrado de salud no podrán ser inferiores a los porcentajes para gastos de salud incluidos en los presupuestos respectivos para el año 1973.

Es decir, que desde el punto de vista presupuestario, establece un mínimo de asignación anual tanto para la Nación como para las provincias, estableciendo un fondo financiero sanitario nacional de carácter acumulativo.

La ley 20749 de la Carrera sanitaria nacional establece en su artículo 1º que “los trabajadores gozarán de estabilidad inviolable, remuneración adecuada a las prestaciones que realicen, con incentivos económicos, científicos y de capacitación, régimen de previsión social y jubilatorio acorde con la trascendencia de sus labores…”
En el artículo 3º establece un régimen laboral de cargo único, con dedicación exclusiva o sin ella (salvo para docencia o investigación).

En el caso de la dedicación parcial, ésta no se extendería más allá del 1 de enero de 1980.

En el artículo 5 fija la jornada laboral en cuarenta y cuatro (44) horas semanales en el caso de dedicación exclusiva y cuarenta (40) horas semanales en los de dedicación parcial.

Se incorpora a la carrera sanitaria nacional “el sistema de residencias médicas para posibilitar la formación intensiva y programada de los graduados, a fin de cumplir las necesidades crecientes de médicos integralmente formados”.

El ingreso a la carrera sanitaria nacional de los profesionales de la salud y sus colaboradores se realizará únicamente por concurso abierto, el que se llevará a cabo cada 5 años.

El artículo 14 establece que todos los agentes tienen el derecho y la obligación de capacitarse para mejorar la prestación de servicios de salud. A tales efectos, la Administración Federal deberá implementar un régimen permanente.

La dictadura militar y el fin del SNIS

La ley del SNIS, si bien sufrió modificaciones en importantes aspectos respecto al proyecto original, provocó el rechazo de los sindicatos, del subsector privado y otros actores del sistema.

El texto establecía la adhesión voluntaria de las Obras Sociales, lo que en el breve período de su implementación no se concretó, con lo cual persistió en ese lapso la segmentación del sistema.

El SNIS llegó a implementarse en cuatro provincias (Chaco, Formosa, San Luis y La Rioja) y fue suprimido por la dictadura militar que derogó las leyes 20748 (SNIS) y 20749 (Carrera Sanitaria Nacional) mediante la ley 21902 de noviembre de 1978.
La política sanitaria implementada en ese período profundizó la descentralización, debilitándose claramente el protagonismo del Estado, que fue transfiriendo sus establecimientos hospitalarios a las provincias y municipios, sin el traspaso de los recursos necesarios.

A su vez, la pérdida de la capacidad orientadora y fiscalizadora del Estado permitió la aparición de un mercado de servicios de salud que se consolidó como un modelo prestador de servicios sumamente tecnologizado, con un fuerte desarrollo del sector privado.9
El advenimiento de la democracia en 1983 posibilitó la reapertura del debate sobre la necesidad de un Sistema Nacional de Salud.

La concepción del gobierno radical de Raúl Alfonsín, representada en el área de salud por el ministro Aldo Neri, lo llevó a elaborar un proyecto de ley de Seguro Nacional de Salud, el cual fue aprobado hacia el final del mandato presidencial y, en la práctica, no llegó a implementarse debido a que la reglamentación de varios de sus aspectos distorsionó el espíritu de la ley, especialmente la realizada durante el gobierno de Carlos Menem.

En los años ‘90 la implementación de las políticas neoliberales llevaron a profundizar y concluir el proceso de descentralización del sistema público en el cual se introdujeron modalidades de gestión propias del sector privado (arancelamiento, tercerización) que repercutieron negativamente sobre su capacidad y funcionalidad, lo que, sumado a una profunda desregulación del Sistema de Obras Sociales, redundó en el fortalecimiento del subsector privado.

La crisis de 2001 profundizó este cuadro y produjo un grave deterioro de los tres subsectores, ya que el altísimo desempleo minó la base de sustentación del las Obras Sociales y la afectación de amplios sectores de la clase media deterioró los ingresos del subsector privado.

Fue sin embargo el Sistema Público de Salud el que, pese a sus carencias, se convirtió en el único recurso para amplios sectores de la población que anteriormente eran asistidos por los otros subsectores.

La reactivación de la economía a partir del gobierno de Néstor Kirchner posibilitó que los estados municipales y provinciales, que mayoritariamente administran servicios de salud en nuestro país, pudieran volcar mayores recursos para la gestión de estos. El crecimiento sostenido de la economía en los años siguientes y la generación creciente de puestos de trabajo hizo que los otros subsectores se fueran recuperando.
Sin embargo, como consecuencia de las políticas implementadas en los años 90 y las secuelas de la crisis, además de las consecuencias alejadas de las políticas de descentralización, el sistema público de salud argentino presenta un alto grado de segmentación, fragmentación, barreras a la accesibilidad, falta de cobertura y déficit de recursos humanos, entre otros aspectos, que sólo pueden ser solucionados desde la perspectiva de una política nacional de salud que hace imprescindible un amplio y serio consenso entre los niveles nacional, provinciales y municipales, de manera de garantizar un sistema con equidad para todos sus habitantes, cualquiera sea la capacidad económica de la jurisdicción responsable.
Hoy, después de casi 30 años de continuidad democrática, la recuperación desde el pasado de esta experiencia trunca, como muchas otras de nuestra historia, puede constituirse en un acicate para emprender, como los actores de aquel momento tan complejo, la tarea pendiente de construir un sistema nacional de salud con cobertura universal y mayores niveles de equidad, que se exprese en la satisfacción y un mayor nivel de salud de nuestros ciudadanos.*

viernes, enero 03, 2020

#ElDiarioDeHoy : La pesada herencia futbolística

La columna de #LilianaLopezForesi
*Leer, escuchar, analizar, compartir, debatir, ESA ES LA TAREA*  
@notiALIA
La pesada herencia futbolística
Por Juan Roberto Presta
Si bien Mauricio Macri no pudo llevar a cabo su idea de convertir a los clubes en Sociedades Anónimas Deportivas, para que las pudieran comprar sus amigos de acá (por ejemplo el representante de jugadores Christian Bragarnik o el inefable Fernando Marín) y del exterior (recordemos que la familia Macri le vendió a Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, los peajes y que muchos empresarios españoles anduvieron rondando por aquí). Decía, si bien no pudo privatizar los clubes, creó junto a su amigo Daniel Angelici un ente llamado “Superliga”, para desfinanciar a la AFA y dividir la plata de la televisión y los sponsors al estilo Cambiemos, es decir el 90% para los más ricos y lo que sobra (digamos el derrame) para los demás.

Lo cierto es que con la devaluación post- PASO, el fútbol argentino es el que más barato cobra los derechos de televisación del fútbol cuyos favorecedores son dos empresas norteamericanas (casualmente), Fox, que ahora fue comprada por la Disney  y TNT, la empresa de Turner y la mayoría de los clubes amenazan con no empezar a jugar en el 2020, si no hay un arreglo económico.

Recordemos que todo empezó con el insólito 38 a 38, en una elección que votaban nada más que 75, es decir sobraba un voto y la elección entre Luis Segura y Marcelo Tinelli, quedó postergada, en lugar de repetirse en el instante, con lo que se hubiera maquillado el papelón. Siguió con un juicio ridículo hecho por la jueza María Servini ante una denuncia de Graciela Ocaña, que se muñequeó políticamente para presionar dirigentes y terminar interviniendo la AFA, donde casualmente se puso de interventor al presidente de Belgrano de Córdoba, Armando Pérez (que decía que Macri era su jefe) y como segundo al abogado del Boca de Macri, Javier Medín designados por el presidente de la Confederación Sudamericana, el paraguayo Alejandro Domínguez, hijo de Osvaldo Domínguez Dibb, un empresario que hacía negocios con las empresas de Macri.

Allí apareció con mucha viveza un candidato que no tenía nadie, Claudio “Chiqui” Tapia, en ese momento cuñado de Hugo Moyano y hombre de Barracas Central, que supo juntar todos los votos del ascenso con un agrupación que se llamó “Ascenso unido” y del interior y empezó a convencer a los clubes chicos de primera para que lo votaran. Macri no lo quería, pero le temía menos que a Marcelo Tinelli, a quien consideraba un enemigo político y por eso tras una reunión con Moyano en Olivos aprobó su presentación en AFA, pero con la condición que el vicepresidente sea su operador judicial, Daniel Angelici.

La otra condición fue formar la “Superliga” a imagen y semejanza de la “Liga española” y para eso trajo a su presidente Javier Tebas, un costarricense que es dueño del club Huesca y tiene varias cuentas off-shore en Panamá (condición ineludible para ser parte del proyecto). Tebas les trajo los estatutos para que los adapten y les cobró por sus servicios y allí empezó está Superliga, donde Tinelli pudo poner a Mariano Elizondo como CEO, pero Angelici armó todas las comisiones legales y las económicas, con “amigos” del Gobierno y algunos fiscales y jueces que siempre ayudaron. Si no se creaba la Superliga, no se pagaba la deuda de Fútbol para Todos y no se liberaban los derechos, donde se hizo una licitación que ganó ESPN, pero que terminaron dándoselos a Fox y TNT, tras una intervención del Grupo Clarín, amenazando hacer un juicio por los viejos derechos, que ya no podían hacer porque habían pasado más de 10 años y que de hacerlo era muy difícil que lo ganaran. Por eso lo que ofrecieron menos, fueron los que se lo llevaron. Fox trabajaba con Torneos (que casualidad) y recordemos que Turner había estado en la delegación de la visita de Obama y era un secreto a voces que venía por el fútbol y un canal de aire (Telefé) que terminó perdiendo con Viacon, es decir la Paramount.

Así las cosas, llegamos a la actualidad, con Macri perdiendo no solo la presidencia de la República, sino también Boca y con Angelici que no se quiere ir de AFA, aunque no represente a nadie. Con los clubes queriendo disolver la Superliga, pero sabiendo que es muy difícil hacerlo a corto plazo porque se armó un circo muy grande y legalmente difícil de destrabar y con un montón de dirigentes pagos, que no van a querer soltar su presa. Esta es la pesada herencia futbolística, algo que también se va a tener que solucionar de alguna manera.
Imágen: Guioteca