En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.”
fragmento: declaración de principios de ALIA*

lunes, enero 16, 2012

Foro Mundial de Educación


Porqué un FME temático “Crisis Capitalista, Justicia Social y Ambiental”
Hace 20 años, organizaciones y movimientos de la sociedad civil brasileña, apoyados por movimientos y redes internacionales, se unieron para promover el Foro Global 92, un foro global de la ciudadanía, que dio espacio y visibilidad a los actores sociales en el debate y control social de los temas entonces emergentes de Rio-92.
Esta época marcó el inicio de un ciclo de Conferencias de la ONU sobre Desarrollo Sustentable, fruto de los alertas y de las demandas de un movimiento socioambiental que se volvió mundial. El momento que vive el planeta y la población mundial es grave. Persisten y se reproducen la pobreza, la miseria y la desigualdad, potencializados cada vez más por la crisis ambiental y climática. La explotación del planeta se suma a la marginalización y la exterminación de numerosos pueblos y grupos sociales. Mientras tanto, estamos viviendo una crisis en la civilización, gobiernos y amplios sectores de las sociedades nacionales, actúan de manera inmediata sin visión a futuro, con una economía, gobernabilidad y valores obsoletos y paralizantes.
El evento oficial Rio+20, se propone a debatir la economía verde y la gobernabilidad internacional para el desarrollo sustentable. Estamos justo a tiempo para que los sistemas económicos incorporen principios, valores y herramientas que aseguren la justicia, la equidad social, la sustentabilidad y la integridad ambiental.
El Comité Facilitador de la Sociedad Civil Brasileña para Rio+20, que agrega diferentes redes y organizaciones no-gubernamentales y movimientos sociales brasileños de diferentes áreas de actuación, incluyendo ambientalistas, trabajadoras/es rurales y urbanos, jóvenes, movimientos populares, emprendedoras/es de la economía solidaria, entre otras/os, ha hecho una llamada a las organizaciones de la sociedad civil, los movimientos sociales y populares de todo el mundo para participar en el proceso que llevará a la realización, en junio de 2012, del evento autónomo y plural, la Cumbre de los Pueblos para el Desarrollo Sustentable – Rio+20, paralela de la Conferencia de la ONU sobre el Desarrollo Sustentable – UNCSD 2012, también llamada Rio+20.
Respondiendo a esta llamada, se va a celebrar en la Región Metropolitana de Porto Alegre el FSM “CRISE CAPITALISTA, JUSTIÇA SOCIAL E AMBIENTAL” a cuyo Comité Organizador (CO) decidió incorporarse la Secretaría Ejecutiva del Consejo Internacional del FME (SE CI FME) que ha considerado también la necesidad de celebrar conjuntamente una edición del FME con la misma temática y desde el ámbito educativo. Esta edición se celebrará en las mismas fechas que el FSM en la ciudad de Gravataí.
  1. 1.     OBJETIVOS DEL FMEJSA
El objetivo del Foro es hacer posible un amplio debate y la elaboración de alternativas, en el que participen los diferentes sectores sociales de la comunidad educativa y los que se relacionen con ella, con el fin de incluir el máximo de perspectivas y situar la educación para ese avance hacia una sociedad más justa y sustentable, como una prioridad y responsabilidad de toda la sociedad.
Es en este sentido, nos dirigimos a las organizaciones y personas relacionadas con la educación formal y no formal reafirmando la Declaración de Dakar 2011:

  1. El Derecho a la educación como derecho humano fundamental e interrelacionado con los derechos económicos, sociales, políticos, culturales y ambientales(enfoque transversal);
  2. El reconocimiento de las luchas por la educación ciudadana, por la democracia, los nuevos desafíos del trabajo, la justicia social, la igualdad, en el marco de la educación para toda la vida;
  3. Una educación pública bajo la responsabilidad del Estado, laica y gratuita, desde la educación infantil hasta la universidad, y a lo largo de toda la vida, y por la cual estamos luchando desde perspectivas sindicales, de asociaciones de madres y padres, estudiantiles y, en general, de la sociedad civil organizada, ligada al financiamiento público de la educación;
  4. La educación incluyente de todas las diversidades étnicas, de género, generacional, territorial, orientación sexual, discapacidad, incluyendo la educación en el medio rural, etc.;
  5. La reivindicación de la pedagogía de Paulo Freire y de otras teorías pedagógicas basadas en los saberes locales, la educación popular, ciudadana, educación para la paz y la recuperación de la historia de los pueblos;
  6. El desarrollo de estrategias de incidencia frente a gobiernos locales, nacionales, y a los organismos internacionales, en contra de la privatización y mercantilización de la educación, desde la perspectiva de la educación como derecho humano inalienable;
  7. El fortalecimiento del movimiento social que lucha por la educación como derecho;
  8. Nuestro repudio a la impertinencia de la educación colonialista, en especial en los países africanos, que desconoce y desprecia los saberes e historias locales;
  9. La producción del conocimiento aplicable, significativo que responda a los contextos locales, en problemáticas tales como migración, desplazamiento, guerra, y toda forma de discriminación, lo que incluye el derecho a educarse en la propia lengua;
  10. La solicitud expresa de atender a las condiciones del alumnado y profesorado que están en condiciones de guerra, exigiendo el resguardo de sus vidas y sus derechos humanos;
  11. El fortalecimiento de la lucha por la garantía de mejores condiciones del trabajo docente en virtud del deterioro de las condiciones laborales de las y los trabajadores de la educación y de las condiciones de la enseñanza;
  12. Las exigencias por atender a las situaciones ligadas a la pertinencia (lengua propia, curriculum), el acceso (instalaciones adecuadas), calidad (educación centrada en las potencialidades humanas y en armonía con la naturaleza) ;
  13. La necesidad de enmarcar la lucha por el derecho a la educación en el contexto de la crisis del modelo civilizatorio, promoviendo la ciudadanía activa y la resistencia frente al modelo impuesto desde los organismos internacionales. La democratización del saber es un elemento básico de la democratización de la sociedad;
  14. La urgencia de dotar de contenidos significativos y significantes al concepto de calidad de la educación, accesible a todas y todos sin discriminación, solidaria, a lo largo de toda la vida.
Son también, al igual que el FSM los objetivos de:
1)      Pensar estratégicamente acerca de los desafíos éticos, científicos y políticos, con las organizaciones de la sociedad civil,  los parlamentos y los gobiernos, las empresas, los pueblos, por la sostenibilidad de la vida y el planeta.
2)     Sistematizar los temas y los problemas sobre la sostenibilidad que requieren análisis, debate y propuestas y definir el plan de trabajo teniendo en cuenta el proceso preparatorio y la incidencia en la propia Conferencia Río + 20.
M
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Ñ
A
N
A
MESA 01
Crisis capitalista: Causas, impacto y consecuencias para el mundo de la educación.
MESA 02
Justicia Ambiental:las prácticas educativas para la construção de otro mundo posible.
MESA 03
Justiça Social y Educación: un espacio para profundizar la democrácia.Estratégias de lucha y su articulación para defender una educación pública de calidad.
ATIVIDADES AUTOGESTIO
-NADAS – EDUCACIÓN
ATIVIDADES AUTOGESTIO
-NADAS – EDUCACIÓN
CLAUSURA
DEL
FSM – FME
T
A
R
D
E
MARCHA FÓRUM SOCIAL MUNDIAL
Debate: Grupo Trabajo Educación RIO+20
Debate: Grupo Trabajo Educación RIO+20
GTs RIO+20
SEMINARIO EDUCACIÓN DERECHOS HUMANOS FSM
GTs RIO+20
ATIVIDADES AUTOGESTIO
-NADAS – EDUCACIÓN

“Siempre vamos a enfrentar a los monopolios”

 fuente: Telám
El vicepresidente Amado Boudou, en ejercicio del Poder Ejecutivo, aseguró que “este Gobierno siempre va a estar del lado de las mayorías, enfrentando a los monopolios”, luego de la denuncia que efectuó el Ministerio de Planificación de la Nación contra cinco petroleras.
“No vamos a permitir que algún sector económico quiera llevarse por delante el pueblo argentino, porque ya sabemos lo que pasa, en Argentina hubo una época en la cual se perdieron 25% los puestos de trabajo, y este proyecto político no lo va a permitir”, aseguró Boudou.
El vicepresidente resaltó “hay sectores concentrados que aparentemente han llevado adelante una discriminación de precios, una cartelización que ha significado mayores costos para los consumidores, y eso es justamente, a lo que nosotros siempre nos vamos a oponer”.
El Gobierno elevó este lunes a la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) una denuncia de las ocho cámaras de transporte de pasajeros y de carga, por presunto abuso de posición dominante en el mercado de combustibles por parte de cinco empresas petroleras, "con sobreprecios por 3.500 millones de pesos anuales".
Las denunciadas por las empresas transportistas son las petroleras Repsol-YPF, Shell, Esso, Petrobras Argentina y Oil, quienes ahora serán investigadas por Defensa de la Competencia.
Consultado sobre la posible estatización de la empresa Repsol-YPF, Boudou remarcó que “se ha sido muy claro, se llamó a todas las empresas a sentarse en una mesa para resolver ya esta situación, ya que no vamos a dejar que pase el tiempo”.
“Más allá de lo que se investigue hacia atrás, lo importante es que los argentinos tengan el combustible, la energía y el transporte que necesitan”, consideró el vicepresidente en diálogo con la prensa, al recorrer la central termoélectrica Barragán de la localidad bonaerense de Ensenada.

53 edición del Premio Casa de las Américas - Eduardo Galeano


 Lunes, 16 de Enero del 2012 (11:52:04)
Fundada en 1959 por Haydee Santamaría, y actualmente presidida por Roberto Fernández Retamar, la Casa de las Américas divulga, investiga, auspicia, premia y publica la labor de escritores, artistas plásticos, músicos, teatristas y estudiosos de la literatura y las artes; cuya comunicación fomenta el intercambio con instituciones y personas de todo el mundo.
Más sobre la Casa de las Américas
LiteraturaPalabras del escritor uruguayo Eduardo Galeano en la inauguración de la 53 edición del Premio Casa de las Américas, este lunes 16 de enero en la sala Che Guevara 

por Eduardo Galeano

Fe de erratas. Donde dice: 12 de octubre de 1492, debe decir: 28 de abril de 1959.

En ese día de abril fue fundada, en Cuba, la Casa que más nos ha ayudado a descubrir América y las muchas Américas que América contiene.

La otra fecha, la de octubre, rinde homenaje a sus presuntos descubridores, esos que la historia oficial aplaude, pero ellos fueron más encubridores que descubridores: iniciaron el saqueo colonial mintiendo la realidad americana y negando su deslumbrante diversidad y sus más hondas raíces.

En cambio, la Casa de las Américas, nacida de la Revolución cubana, lleva más de medio siglo ayudándonos a vernos con nuestros propios ojos, desde abajo y desde adentro, y no con las miradas que desde arriba y desde afuera nos han humillado desde siempre.

Esta Casa es mi casa, la casa nuestra. Y porque así la siento, y así la sé, he sido y seguiré siendo su siempre amigo, de acuerdo con aquella definición de la amistad que nos legara Carlos Fonseca Amador, el fundador del Frente Sandinista: “El verdadero amigo es el que critica de frente y elogia por la espalda”.

Pero a veces no viene mal elogiar de frente, cuando no es por deber de cortesía, ni por hipócrita adulación, ni por miedo a la verdad.

Y entonces uno puede decir, pongamos por caso: gracias, gracias mil a la Casa de las Américas, por todo lo que ha hecho y hace para la revelación de nuestras energías creadoras, mil veces asesinadas y mil veces resucitadas. Y gracias, gracias mil, porque esas porfiadas voces renacidas, que nos hablan desde el pasado más remoto y desde el más cercano presente, han encontrado en la Casa un espacio de encuentro y una caja de resonancia que hasta entonces no existían.

Gracias, pues, mil gracias, por ese alimento de vitamina d, “d” de dignidad, que tanto nos ayuda a creer que el deber de obediencia, impuesto por los poderosos del mundo es, puede ser nuestra penitencia pero no es, ni puede ser nuestro destino. 

El Más Grande de Todos


Y ahora, a por China


16-01-2012

La primera potencia militar en su lucha contra la principal potencia económica

El presidente de EEUU Barak Obama, debe de pensar que Irán es pan comido para declarar que la nueva estrategia de Defensa en 2012 es contener a China. Adicto a la guerra, Washington, que ha borrado la palabra “paz” de su diplomacia, considera a Pekín un peligro para “sus intereses nacionales” en el Pacífico y Asia Meridional y para su hegemonía unilateral planetaria.

Con el 5% de la población mundial el país occidental tiene un presupuesto militar siete veces mayor que el gigante amarillo, posee fuera de sus fronteras alrededor de 900 bases militares, once flotas navales que pasean por todos los océanos y cientos de miles de soldados esparcidos por el globo, y aun así está preocupado por una China sin tropas ni instalaciones militares fuera de su territorio.


Regreso a Asia es el “santo y seña” del Pentágono para allanar el Extremo Oriente y tomar el Mar de China cuyos fondos marinos, además, ocultan millones de barriles de petróleo y billones de pies cúbicos de gas. El pretexto no le faltará: velar por la seguridad marítima mermada por las supuestas armas nucleares ocultas de China, luchar contra el terrorismo islámico y la piratería y ayuda “humanitaria” en los desastres naturales.


La primera potencia militar, en su lucha contra la principal potencia económica, pretende controlar el estratégico Estrecho de Malaca, que une el Mar de China Oriental (al que Hillary Clinton llama Mar Occidental de Filipinas) con el océano Indico y Europa. Por sus aguas circula la mitad del tonelaje mercante mundial y los 20 millones de barriles del petróleo del Golfo Pérsico con destino Japón, Corea del Sur y China.


Pekín avanza sin colonizar ni ocupar países. Consigue sus objetivos mediante el sereno y sutil método de “acupuntura” en vez de “ataques quirúrgicos”. Ha construido, por ejemplo, el conducto más largo del mundo que lleva el gas del Caspio desde Turkmenistán a sus tierras, sin pegar un solo tiro, mientras decenas de miles de soldados de la OTAN llevan una década en Afganistán sin poder construir el gasoducto transafgano.


Que el coloso asiático sea, además, el único proveedor de tierras raras –usadas en microchips y alta tecnología-, aumenta el nerviosismo de EEUU, que actúa antes de verse superado por Pekín: se apodera de las fuentes de energía (Irak, Sudan, Libia, y ahora prueba con Irán), estrecha su alianza con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), arma a Taiwán con sistemas antimisiles y en Myanmar apoya a la oposición presionando al gobierno para que suspenda la construcción de un importante gasoducto hacia China. Por otro lado incrementa el número de 70.000 soldados que tiene en Corea del Sur y Japón, fortalece el Comando Estadounidense del Pacífico, refuerza las bases militares en Corea del Sur, Tailandia, Taiwán, Indonesia, Filipinas y Australia, e impide la formación de “Chindia” (China+India). Reducir a Pakistán y un escaño en el Consejo de Seguridad sería el premio a India a cambio de su cooperación, que junto con Japón harían de contrapeso al enemigo.


Pekín ante una situación de desventaja geopolítica en Europa, África y Asia comienza a reaccionar, sin perturbar sus relaciones con Washington. Su armada realizó, en noviembre, unas maniobras militares sin precedentes cerca de las fronteras de Pakistán, para advertir a EEUU de que no toleraría una invasión al país centroasiático. También incrementó, en 2011, su presupuesto militar en un 12%, cayendo en la trampa de la carrera armamentística, que tiene incluida una Guerra de las Galaxias.


Despunta la nueva Guerra Fría.

domingo, enero 15, 2012

Los nuevos odres


por Javier Sicilia

Cada fin de año, La Universidad de la Tierra, vinculada con el zapatismo, realiza en san Cristóbal de la Casas, Chiapas, un coloquio sobre los movimientos antisistémicos. El año pasado, Javier Sicilia participó con una ponencia titulada: “Proporción y revolución” (Conspiratio 07). La presente entrega, con la que participó este fin de año, continúa con esa reflexión. En ella, retomando a los Padres del Desierto que salvaron a Europa cuando cayó del Imperio Romano, trata de analizar la manera en la que los Movimientos Sociales comienzan a generar lo nuevo frente al desmoronamiento de las instituciones de la modernidad.

No se echa vino nuevo en odres viejos, pues los odres reventarían, el vino se derramaría y los odres se echarían a perder. El vino nuevo se hecha en odres nuevos y los dos se conservan,

Mt. 9 17.

Uno de los grandes problemas de la percepción humana es que las realidades históricas en las que vivimos parecen haber estado siempre allí. Instituciones como el Estado, la economía, el mercado, las instituciones de servicio del mundo moderno y sus innumerables sistemas –el sistema burocrático, financiero, carretero, médico, educativo…– parecen, en la percepción del hombre contemporáneo, realidades inmutables cuyas crisis e injusticias pueden superarse. Así, desde la creación del Estado moderno y del capitalismo, las luchas políticas y sociales, nacidas del gran fracaso de las ideas que hicieron posible la revolución francesa –el momento, decía Hegel, de mayor libertad fue también el momento de mayor tiranía bajo el cadalso del terror y de la guillotina– no han sido otra cosa que intentos por hacer que el Estado y el capital encarnen en el sueño Ilustrado de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Ya fuera bajo la lógica de los fascismos, del marxismo y sus variantes revolucionarias o del actual liberalismo económico, el objetivo ha sido domesticar al Estado, al capital y a los sistemas que nacieron de ellos para ponerlos al servicio de todos los hombres. Sin embargo, no se ha logrado. Lejos de ello, el fracaso, el malestar y el horror, bajo el imperio de cualquiera de esos sistemas ideológicos, han cundido por todas partes. No sólo los seres humanos se han instrumentalizado, es decir, han sido sometidos, humillados y destrozados en nombre de esos sueños que, a través del Estado, debían encarnar en la historia –los horrendos asesinatos del crimen organizado o desorganizado no son más que la forma sin contenido ideológico de esa instrumentalización humana que corre a lo largo de los tres últimos siglos de amar las abstracciones del hombre por encima de los seres humanos de carne y hueso–, sino que esas instituciones, a las que se ha intentado domesticar y dirigir para que sirvan a todos, están en una profunda descomposición y pronto colapsarán.

La razón es que, más allá de los límites de nuestras percepciones en las que siempre estamos atrapados, el Estado, el capital y sus sistemas, son una construcción histórica y, al igual que sucede con  toda construcción histórica, morirán, como algún día murió no sólo el imperio romano, el feudalismo, los absolutismos, la Iglesia como poder político, sino también las variantes más claramente ideológicas del Estado hobbsiano: los Estados fascistas y el Estado soviético. La realidad, también, es que la esperanza de esa sociedad perfecta, que nació de los sueños de la Ilustración –esos sueños que, como una confirmación de lo que vio Goya, han engendrado monstruos— y que nos vienen del sueño judeocristiano de un Reino donde imperaría la justicia, han resultado –y allí están las maneras en las que se asesina hoy– un absurdo criminal. Si en nombre de los seres humanos y de su felicidad, es decir, en nombre de la sociedad perfecta, no hemos cesado, desde la revolución francesa, de oprimir, asesinar y destrozar la felicidad cotidiana de los seres humanos que viven no en el futuro idílico sino el presente de cada momento histórico; hoy, se les sigue asesinado por la misma horrenda realidad, que los sueños abstractos de las ideologías encubrían, la nada, la pura voluntad de poder, para decirlo con Nietzsche, que está llena de nada.

No obstante, entre las fracturas profundas de esas construcciones históricas –los desastres económicos, la ineficiencia y corrupción de los partidos y de los gobiernos, el crecimiento de la miseria y del crimen, las devastaciones ecológicas, la criminalización de las protestas— comienza –al igual que ha sucedido cada vez que se desmorona una construcción histórica– a emerger algo nuevo. ¿De qué orden es? No lo sabemos. Lo nuevo es siempre tan tradicional, como el cultivo de las uva, y tan sorprendente como un vino nuevo. Quisiera, sin embargo, delinear algunos rasgos que creo comenzar a descubrir en esa novedad. Para ello, me serviré de una analogía histórica –siempre para comprenderse hay que mirarse en el espejo del pasado– a la que ya había aludido el año anterior en mi ponencia “Proporción y revolución”,[1] al tratar de aclarar lo que más allá de cierto lenguaje marxista –remanente de las instituciones que se resquebrajan– el zapatismo tiene de novedoso.

En el siglo IV, frente a las fracturas del imperio romano y como una manera de rescatarlo, Constantino I dio rango jurídico a una de las doctrinas religiosas que, por sus contenidos éticos y por su expansión por los territorios dominados por el Imperio, podía funcionar como una manera de apuntalar las corrompidas instituciones romanas: la Iglesia cristiana. Al conferirle a los obispos el mismo rango que a los magistrados romanos en las cuestiones jurídicas le permitió al Imperio darle nuevos contenidos a las urbs romanas: no sólo –algo que ya estaba en el derecho romano– tener ciudadanos romanos por adopción, sino también, por esa novedad que el cristianismo trajo al mundo: la caridad, atender y mantener bajo el control del imperio, a los extranjeros sin estatuto jurídico que invadían las urbs y que los cristianos llamaban prójimos, mediante órdenes caritativas de derecho social. Lo que en el Evangelio era una novedad de la libertad del amor: el prójimo es alguien al que decido amar más allá de las prescripciones y proscripciones jurídicas de mi etnia (un acto tan libre como gratuito y ajeno al poder que en las primeras comunidades cristianas se expresó por la costumbre de tener siempre un cabo de vela y una cama por si Cristo llegaba a tocar a la puerta en la figura de un desconocido), se convirtió, con la Iglesia oficializada por el Imperio, en un conjunto de instituciones al servicio de la administración de una projimidad  impersonal.

En ese contexto, un grupo de hombres de la joven cristiandad, abandonaron las ciudades del imperio para irse a vivir a los desiertos de Siria y Egipto. Seguramente intuyeron que la libertad del Evangelio era incompatible con un poder administrativo y una política de regulación. Lo que buscaban en los desiertos era paradójicamente el Paraíso.[2] No un lugar, con el que siempre han soñado los milenarismos y las utopías modernas nacidas de la revolución francesa, de abundancia y riqueza, sino un sitio donde pudieran vivir una nueva naturaleza, revelada en Cristo, y expresada en la sabiduría y el amor encarnado en la vida solitaria o común, llena de proporciones –lo que las sociedades modernas llaman despectivamente pobreza—y siempre abierta todos. Fueron ellos los que, un poco después de la caída del Imperio y la devastación de sus instituciones en el siglo V, rescataron, bajo la inspiración de la vida monástica articulada por San Benito, la civilización y crearon una forma de vida nueva que más tarde la Iglesia y los remanentes imperiales se encargarían de corromper, dejándola sólo como espacios simbólico de lo que fue la vida de las primeras comunidades cristianas y de la vida de los Padres del Desierto.

Vivimos, en este sentido, una realidad parecida. La crisis del Estado moderno y del modelo económico, han hecho emerger de sus fracturas un conjunto de movimientos contestatarios llamados antisistémicos. El zapatismo es uno de ellos. Lo son también los indignados, la llamada primavera de los países árabes, los occupyy el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Lo que los asemeja a los Padres del Desierto es que han entrado en conflicto con los poderes de su tiempo. Lo que los diferencia, es que nosotros no hemos huido a los desiertos –ya nos los hay; los que aún existen están sometidos a los Estados y a las expansiones del capitalismo global y sus sistemas—y que hemos decidido enfrentar esos poderes. Sin embargo, mientras los Padres del Desierto trataron de crear un nuevo modo de vida basado en una vida austera de oración y de trabajo con sus manos, es decir, el de un nuevo estatus ontológico de libertad venido de Cristo, al margen del Estado y sus instituciones, los movimientos de hoy quieren, como un remanente del cerco de las percepciones y de las maneras en las que durante los últimos tres siglos otros movimientos se han enfrentado al poder, transformar al Estado. Hay en este sentido, algo nuevo y algo viejo en los movimientos antisistémicos. Los parteaguas históricos –como el de la caída del imperio romano o el desmoronamiento del Estado hobbsiano y de la economía moderna—generan franjas ambiguas donde lo nuevo no termina de delinear su rostro y lo consabido, que ya no sirve, continúa utilizándose para una transformación fundamental. Son, por lo mismo, momentos de profundos claroscuros. En nuestro caso, lo nuevo es la conciencia de que tanto el Estado como la economía ya no responden a lo que se esperaba de ellos: ni cuidan la vida de los ciudadanos ni producen riqueza para todos –la suma de sus destrucciones y despojos es más profunda que la suma de sus producciones que invaden todo–. Lo nuevo, también, es que a diferencia de los movimientos sociales del pasado, no quieren el poder y en lo mejor de sí mismos son no-violentos Lo viejo es que creen todavía que el Estado y el mercado, que ya entraron en una descomposición fatal que terminará por destruirlos, pueden cambiar, transformarse o enmendarse. En medio de ellos, lo ambiguo. Cuando leí la Primera Declaración de la Selva Lacandona, lo que admiraba era la aparición del universo indígena que reclamaba su autonomía y la defensa de sus mundos. Lo que me alarmaba, era que también querían lo que los destruiría: el mundo de la modernidad expresado en un conjunto de sistemas propios del Estado moderno y su economía: lavadoras, escuelas, clínicas, etc. Algo parecido me encontré cuando visité a los occupy en Washington y Los Ángeles. La forma en la que viven es un proceso de autonomía –en medio de sus campamentos, levantados en parque públicos, dialogan entre sí, se organizan, se alimentan, mantienen limpio y cuidado su entorno y se apoyan unos a otros–. Están en los espacios de la ciudad que custodia el Estado, pero confrontados y al margen de él. Sin embargo, su accionar reclama al Estado y al mercado su inoperancia para incluirlos en el pastel. Son, dicen, el 99% de los excluidos que buscan las rebanadas que el Estado y el mercado les roba. Algo parecido sucede con los indignados y, habría que decir también, con los jóvenes de la primavera árabe –el caso del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad se mueve en el mismo territorio de la descomposición, pero es de otra índole y me referiré a él más adelante–. Lo ambiguo de estos movimientos está tanto en lo que son –una forma distinta de ser al margen del Estado y una respuesta a su resquebrajamiento–, como en lo que demandan a ese mismo Estado y a un sistema económico en descomposición que los ha desplazado. Si el Estado hobbsiano y la economía moderna no pueden darles lo que reclaman es porque se basan en lo que Iván Illich llama el “desvalor”. El concepto es complejo.[3] No existe en el diccionario. Pero en relación con el valor que, despojado de su sentido utilitario, está asociado con el bien, significa, en los términos de Illich, una destrucción de los ámbitos de comunidad, de sus culturas y del medioambiente, cuyo resultado es la pérdida del trabajo tradicional, es decir, proporcional y limitado, que hace posible la subsistencia, y su reemplazo por el desempleo, las mercancías y la lucha por acceder a ellas, es decir, la instalación de la violencia. Es, en síntesis, la destrucción del bien por el valor de lo inaccesible o, en otras palabras, la desvalorización del bien.  A pesar de que estos movimientos habitan ya lo nuevo, como un retorno al límite, a la proporción, al trabajo común, utilizando de manera limitada ciertas herramientas del mundo moderno, siguen creyendo, primero, que las tareas del Estado y la tareas económicas, cuya finalidad es el control de los seres humanos bajo burocracias y cadenas productivas, pueden todavía usarse en las realidades humanas, cuya dimensión no es el valor, sino el bien. Segundo, continúan creyendo en una dimensión ficticia del progreso, cuya realidad más evidente es la negación del pasado, de la tradición y de la convivencia, como desechos de la historia. Aunque el zapatismo, iluminado por la tradición de los pueblos indios y obligado a replegarse por la persecución del Estado, ha logrado descubrir la fuerza de sus saberes creando los Caracoles, creo que en su fondo continúa creyendo que es posible transformar al Estado para reproducir, en la lógica de las ideologías históricas, sus propios descubrimientos.

Esta crítica puede hacerse también al Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad. Sin embargo, hay ciertos matices en él. De alguna forma se parece al zapatismo. Nace, como él, de la visibilización de los negados por el sistema –no de los indígenas, sino de las víctimas de una guerra, consecuencia del pudrimiento del Estado y de una criminalidad que en la lógica del capital lleva a grados atroces la instrumentalización de lo humano–. Al igual que él tiene un lenguaje poético de altísima dignidad moral. A diferencia suya no tiene un ejército y ha apostado por un diálogo con todos los poderes y los sectores sociales para obligar al Estado a reparar la justicia y la paz. También, a diferencia suya, no nace de una comunidad ancestral que le ha permitido crear una sólida estructura comunitaria y proporcional al margen del Estado, sino, semejantes a los occupy, a los indignados y a los muchachos de la primavera árabe, es el fruto de ciudadanos, atomizados por el Estado y la economía, que el dolor y la exclusión ha reunido en un extraño común. Su fuerza no radica tanto en su confrontación con el Estado y los criminales, sino en la manera en que lo hace. Al dialogar, confronta la ancestral violencia de las ideologías por la disputa del poder y la administración del Estado; al recorrer el país, reunir a las víctimas en un abrazo y darles voz en el espacio público, usurpado por los poderes, rompe el cerco del poder y redescubre la vida comunitaria hecha de solidaridad, de límites, de apoyo mutuo y de relaciones personales. Por último, al besar a todos, reedita una antigua práctica de las primeras comunidades cristianas: la conspiratio, el intercambio de espíritus, a través del aliento, que simboliza la abolición de los estamentos., la reconciliación y la paz.

Ninguno de estos movimientos reformará al Estado ni al capital que está en el centro del malestar. Son, como digo, en analogía con los cristianos que partieron a los desiertos de Siria y Egipto, formas nuevas que, al mirarse en la tradición, emergen de las grietas de las instituciones modernas como preludio de lo que se gesta en medio de este nuevo desastre histórico. En esas condiciones no es posible saber, como tampoco lo sabían los Padres del Desierto, lo que estos movimientos aportarán al desmoronamiento para rehacer y preservar el mundo. Lo que, sin embargo, sabemos es que podemos mantenernos juntos, en un profundo diálogo, en un profundo apoyo y profundizando lo nuevo que emerge de nosotros al margen del Estado y de la economía, como formas pedagógicas de lo que el Estado y el capital han negado y se obstinan en continuar negando a pesar del desastre. No es otra cosa lo que esos Padres del Desierto hicieron mientras el imperio terminaba de desmoronarse. No es otra cosa tampoco lo que en el fondo, en las márgenes que a veces toman el centro, hacemos al expresar una vida de proporción, es decir, humana. Nuestras diversas formas de caminar, nuestras distintas maneras de organizarnos y de decir deben ser una invitación a los otros a reflexionar sobre lo que conviene hacer en determinado sitio y en determinadas circunstancias teniendo siempre en mente el bien como virtud y no como valor. Estas maneras de ser y de actuar son, como lo señalé en mi ponencia pasada, “Proporción y revolución”,[4]una manera no sólo de conservar el mundo que otros prepararon para nosotros, sino de hacerlo más habitable. Son los odres nuevos para el vino nuevo que se prepara por encima del horror y la desesperanza.

Además opino que ha que respetar los Acuerdos de San Andrés.



[1] Cf. Conspiratio 07, ¿Es posible la revolución”, Jus, México, pp. 48-58.

[2] Cf. Javier Sicilia, “El lugar del no-lugar: las Reducciones del Paraguay”, Ixtus45, Jus, 2004, pp.80-84.

[3] Para una visión más profunda del concepto, Cf. “Desvalor”, en Iván Illich,Obras reunidas II, FCE, México, 2008, pp. 477-486.

[4] Cf. Conspiratio, op. cit.

(Texto escrito para el IIº Seminario Internacional de reflexión y análisis “Planeta tierra: movimientos antisistémicos”, Universidad de la Tierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas, 30-31 de diciembre de 2011, 1-2 de enero de 2012.)