En estos caminos electrónicos viaja la rebeldía
que sueña y sueña ...
Y cuando el sueño es de muchos y se sueña juntos... es REALIDAD.
fragmento: declaración de principios de ALIA*

jueves, septiembre 12, 2013

La Clase Media y Los Medios

En Argentina se lucha por la libertad de expresión.
Por Blanca L. Chaler
Argentina 2013: Hace cuatro años se sancionó la Ley 26522, de Servicios de Comunicación Audiovisual, cuyo objetivo es imbuir de potestad al estado para regular el sector de las comunicaciones audiovisuales, de modo de garantizar en todo el territorio nacional la libertad de expresión. La Corte Suprema de Justicia de la Nación debe dictaminar sobre la constitucionalidad de algunos de sus artículos para que pueda aplicarse en su totalidad.
Éstos han sido cuestionados por el grupo multimediático Clarín, hegemónico, el que mediante el recurso de medidas cautelares ha impedido la aplicación total de la Ley en vigencia, llegando a plantear ante la Suprema Corte la inconstitucionalidad de algunos artículos.
Este poder mediático no puede aceptar dejar de condicionar en la medida en que lo hace actualmente, la voluntad de una parte importante de la sociedad argentina y sectores del mismo poder judicial.
Pero comenzamos, pueblo y gobierno a caminar sobre nuestras propias piernas.

Respecto a este tema, encontramos un aporte muy importante, un legado de luchadores, en la revista Repensar de mayo 2009, en un artículo de Roberto Perdía, que utilizamos como fuente para plasmar estos conceptos.

LOS MEDIOS Y SOCIEDAD
Los medios de comunicación masiva, se han constituido en el núcleo duro, el centro de irradiación ideológica de la política de globalización.
En este proceso de homogenización de costumbres, hábitos, modos de pensar y consumir, los medios ocupan un lugar central. Al servicio de estos fines el sistema mediático pone todo su instrumental. Radio, cine, televisión, y diarios multiplican-hasta el hartazgo-los mensajes para doblegar la resistencia de las diversas culturas y someterlas a "valores universales" del sistema que ellos venden y nosotros debemos consumir. Avanzan en la idea que las necesidades del mercado, que ellos controlan y a través del cual extraen sus ganancias, deben constituirse en nuestras propias necesidades.
Esto es posible dado el gigantesco avance de las tecnología de la comunicación en manos de los medios de comunicación de masas. La TV e Internet son parte de nuestra vida cotidiana de tal forma que, si lo pensamos un instante, comprenderemos la enorme importancia de su rol.
Para que este mecanismo funcione el sistema mediático debe avanzar, permanentemente en su mayor concentración posible. De esta manera está garantizado que basta con la decisión de unos pocos para lograr la universalización de lo que trasmite.
Es a partir de esta situación que podemos y debemos generar las condiciones para fortalecer un sistema comunicacional con otros objetivos que le dé cabida a todas las expresiones de nuestro pueblo.
Con la actual tecnología podemos multiplicar nuestra forma de comunicación.
La apropiación de la comunicación por parte de las comunidades, debe ser parte del proceso de construcción de poder popular y liberación de nuestros pueblos, desarrollando nuevos paradigmas desde nuestra propia historia e intereses.
Como reciben los distintos sectores sociales el mensaje de los medios
Cada sector social tiene una percepción distinta de lo que recibe de la información y ficción mediática.
Los sectores dominantes no le otorgan ninguna credibilidad al mensaje que transmiten sus propios emisores. Les importa solamente que dicho mensaje cumpla con los objetivos que produzcan los efectos deseados en los consumidores, sus clientes: el público, nosotros. El mensaje en sí mismo no es de su interés, generalmente lo desprecian, ellos se mueven en otra esfera.
Los sectores populares, mayoritarios en la pobreza de su nivel de ingresos, ven a los medios y sus expresiones como un espectáculo más. De allí el creciente esfuerzo por identificar información con entretenimiento. Ese es el modo a través del cual, los dueños del mensaje y sus contenidos, aspiran utilizar la perspectiva-de los sectores populares-de considerar a todo lo que les llega, por las vías mediáticas más masivas-sobre todo la televisión-, como una forma de entretenimiento.
La información transformada en mercancía ya no tiene el significado de trasmitir un hecho real sino que responde a la necesidad de vender un producto y consolidar el sistema de poder. El producto a vender puede ser un jabón, una medida gubernamental, un candidato electoral o un partido de fútbol. La lógica del marketing comercial pretende invadirlo o abarcarlo todo.
La clase media como creadora principal y consumidora de la cultura mediática
Analicemos el comportamiento de la clase media frente a la cultura mediática.
La clase media en nada se parece a la percepción de los sectores dominantes a los que-genéricamente -poco y nada les interesa lo que diga la TV, el cine o el diario, siempre que ello sirva a sus objetivos. Si se propagan mentiras, si se dicen agravios, si se falta el respeto, no importa, les sirve.
La clase media también está lejos de como incorporan el mensaje los sectores más humildes y su visión de todo mensaje mediático como parte de un entretenimiento. Para los sectores medios el contenido que le llega por la vía mediática, no es un espectáculo. No, de ninguna manera, es la pura y mismísima verdad. Lo critican, lo cuestionan, pero le creen.
Hace varios años, Arturo Jauretche se hizo eco de la "tilinguería" de gran parte de nuestra clase media, siempre pendiente de "la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser" y presionada por sus ganas de ascenso social. Por ello, salvo honrosas excepciones, es común encontrarla pendiente de las actitudes de las "clases superiores", es clienta de los intereses de las mismas, quiere parecerse, quiere ser, vestirse, hablar como las clases altas. Por eso no es de extrañar que ésta le deje la tarea de elaborar lo códigos a través de los cuales se expresará esa cultura de masas, haciendo potable y asimilable el contenido del discurso que le interesa trasmitir.
Son los intelectuales, provenientes de la clase media, los encargados de elaborar el código utilizado para trasmitir los múltiples mensajes que interesan al sistema de poder. Esos sectores medios elaboradores del código, son al mismo tiempo sus principales consumidores, creen firme y literalmente en el producto que crearon.
A diferencia de los sectores económicamente más poderosos y de los más sumergidos, la clase media cree- genéricamente -en la literalidad del texto, imagen o sonido que recibe, en base a códigos elaborados por intelectuales de su misma clase.
Así es nuestra clase media, mejor dicho la mayor parte de los pobladores porteños y los que residen "dentro de los bulevares" de las ciudades más importantes del país. Allí están los principales productores y consumidores de la ideología predominante en nuestros medios de comunicación de masas. Ellos conforman la "crema de la opinión pública", que condiciona y le da "aceptación social" a los comportamientos de cada uno de nosotros, siempre que ellos no cuestionen a quienes detentan el poder real.
Hoy los comunicadores aparecen desnudos en las pantallas de tv y en las páginas de los diarios, pero la clase media no los ve, no se mira a sí misma, no se autoevalúa, no piensa en sus propios intereses, cree a los profetas del odio y sólo se involucra en aplaudirlos.
Los medios son sus médium entre la realidad y ellos mismos.
Jauretche, con toda lucidez y razón decía:
"las zonceras se hacen fuertes en la boca de dos grupos relevantes que operan en la realidad argentina: los profetas del odio y el medio pelo. Los primeros, emisores, funcionaron como idiotas útiles correveidiles de la colonización pedagógica y los segundos, receptores, como difusores en los niveles medios de la sociedad. Unos dándole al discurso colonizador categorías "académicas" y los otros vulgarizando y extendiendo el grado de influencia del discurso"
Terminar con esta vergüenza y asumir lo propio es una de las condiciones para echar a andar -parados en nuestras propias piernas.

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